"Qué largo se me está haciendo el otoño, y eso que empezó ayer, con su preludio de chimeneas y de sabañones de mi Españita"

thumb

Chapu Apaolaza

Actualizado el 23/09/2025 a las 23:37

Qué largo se me está haciendo el otoño, y eso que empezó ayer, con su preludio de chimeneas y de sabañones de mi Españita. De la pelliza y la desesperación. Dime cómo se ve el mundo al otro lado del año del chupinazo y de la ropa blanca extendida sobre la cama, el abono para los toros en el cajón de la mesilla, cuando aquí todo parece el porche del rancho de Hemingway en Iowa. 

Esta es la estación de los melancólicos y de los amantes de la nostalgia de sí misma, de los tristes y de los que odian el verano con sus días más largos que la ola izquierda de Mundaka que, ¿sabes?, dentro de nada parecerán mentira. Se pochará la rosa, la dama de noche hace días que ya se ha rendido y por el cielo va una tórtola esnortada con una ramita improbable a hacer no sé qué nido en este mundo que ya solo sirve para plantar hongos nucleares.

¿ERES SUSCRIPTOR? AQUÍ TIENES MÁS INFORMACIÓN SOBRE ESTE TEMA

Amplía la información sobre OPINIÓN en la edición e-paper de Diario de Navarra, disponible a diario para suscriptores de papel y PDF

Se ha aparecido el otoño con su ejército de palomas de pechos rosados sobre las cumbres y ya solo nos queda echar al maletero la paralela de Sarasqueta, la perrilla, la bota de vino, la navaja y el trozo de queso en esa esperanza remota pero intensa de fríos y felicidades que viene a caer en el puesto de castañas de los Martínez, ese que, me dicen, va a abrir este año con su olor a fuego y su calor de bolsillos.

El otoño, que es una estación como de Verlaine, se vino a mitad de verano y un día de agosto vi caer una hoja como el que ve derrumbarse un edificio. Vivimos un mundo caduco, espeluchado, con el frío en los pies, las pulseras antivioladores de las que le regalas a tu sobrina para la primera comunión y Xi Jinping sacando toda la pirotecnia de misiles transcontinentales, botas relucientes y gorras de plato. Van los amantes, ajenos a la guerra que se acerca, y se sientan en los cafés y se echan en las camas de los hoteles de Roma, como si el mundo fuera a durar, como si no viviéramos en la cornisa de nosotros mismos, como si al otro lado de la esquina del frío estuviera, ay, una nueva primavera.

Continuar

Gracias por elegir Diario de Navarra

Parece que en el navegador.

Con el fin de fomentar un periodismo de calidad e independiente, para poder seguir disfrutando del mejor contenido y asegurar que la página funciona correctamente.

Si quieres ver reducido el impacto de la publicidad puedes suscribirte a la edición digital con acceso a todas las ventajas exclusivas de los suscriptores.

Suscríbete ahora