"No es lo mismo quien murió en un atentado de ETA por vestir un uniforme que a quien le explotó una bomba con la que quería matar"

Actualizado el 21/09/2025 a las 23:17
La consejera Ollo, al presentar el nuevo Plan de Convivencia, ha acusado a la oposición de instrumentalizar a las víctimas del terrorismo, en vez de lamentar como hace ella, todas las violencias. Nada nuevo, pues la política de este gobierno siempre ha consistido en igualar a todas las víctimas de una violencia genérica y ciega. Es verdad que todas las víctimas son iguales, pero a la vez -sobre todo si se quiere reconstruir la convivencia- son muy distintas.
Son iguales, porque las igualó el dolor y la muerte y quienes les querían merecen respeto y compasión. Pero son distintas en su significado y valor. No es lo mismo quien murió en un atentado de ETA por vestir un uniforme, que a quien le explotó una bomba con la que quería matar. El terrorismo causó dolor y muerte, pero también era un proyecto totalitario que negaba la diferencia y la libertad de conciencia y mataba por ser español. Fue el eje de la política durante décadas, no una violencia más y todavía gravita sobre nosotros. Un plan de convivencia que no cuente con esto, desbarra.
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El terrorismo mató a algunos para callar a muchos más y su daño a la convivencia todavía nos marca. En los silencios, en el miedo a manifestar ciertas opiniones, en lo que es permisible o no. Quebró la voluntad de los políticos y dejó una herencia maldita. Ninguna otra violencia hizo algo así. No se trata de lamentar la muerte de unos y otros, como si fuera un huracán que terminó con todos, sino de sacar enseñanzas y evitar que algo así se repita.
Es cierto que hubo violencia policial y ultra, que debe ser reparada y reconocida, pero el GAL y el Batallón vasco español no son un proyecto político vigente, sino una reacción lamentable al terrorismo de ETA, sin el que no hubieran existido. Lo que pervive es un proyecto que se benefició y justificó el terrorismo, y todavía lo hace. He ahí lo que humilla a las víctimas, que representan a la democracia atacada, y que nunca respondieron con la espada. Hablar de todas las violencias es no querer decir lo que fue.