"Las normas dicen que las esculturas deben quedarse en Sarasate y el equipo del señor Asiron las va a incumplir. Por eso, el traslado es ilegal"

Actualizado el 02/09/2025 a las 00:41
Con el traslado de las esculturas de los reyes del paseo de Sarasate al parque de la Taconera, el gobierno municipal encabezado por el señor Asiron deja muy claro para qué le sirven las normas: yo, Ayuntamiento, me las salto cuando quiero. Tú, ciudadano, tienes que cumplirlas a rajatabla. Yo, Ayuntamiento, hago lo que quiera. Tú, ciudadano, lo que yo te permita. Yo puedo, tú no puedes; yo sí; tú no. Es de sobra conocida la decisión del equipo de Asiron de trasladar las esculturas de los reyes del paseo al parque y también la de aprobar el nuevo proyecto de Sarasate sin ellas. Para ello se escuda, con medias verdades, en informes de la Institución Príncipe de Viana.
Esos ciudadanos, que tienen que cumplir las normas, quizá sepan, o al menos les suene, que existe una norma aplicable en el Casco Antiguo, que incluye el paseo de Sarasate: el Plan Especial de Protección y Reforma Interior (el famoso PEPRI). Esta norma dice de manera expresa que, cuando se reurbanice el paseo de Sarasate, se integrarán en el nuevo diseño las esculturas catalogadas que ahora flanquean el andén central, las seis estatuas de los reyes que ahora se quieren trasladar. En resumen, las normas dicen que las esculturas deben quedarse en Sarasate y el equipo del señor Asiron las va a incumplir. Por eso, el traslado es ilegal, y el proyecto del nuevo paseo de Sarasate también es ilegal al no incluir las esculturas.
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Cuando se les pregunta por esta ilegalidad, responden que ya modificarán la norma. Es decir, que reconocen la ilegalidad, pero que no pasa nada, que ya cambiarán las reglas de juego con la obra ya en marcha o incluso ya finalizada. Hemos pasado de un debate político (si deben trasladarse o no las esculturas y si es o no de interés público hacerlo) a un debate jurídico (si es legal o no ese traslado) y a un debate mucho más profundo y mucho más preocupante: el de la incalificable inmoralidad que es que un ayuntamiento, primero, actúe ilegalmente y, una vez realizado el hecho (en este caso, aprobar un proyecto y ejecutar o estar ejecutando las obras), apruebe unas normas a medida de lo ya hecho.
Si alguno de esos ciudadanos que cumplen las normas ha tenido que rehabilitar una casa en el Casco Antiguo, sabe que, como es lógico y así debe ser, los funcionarios municipales, y Príncipe de Viana cuando le compete, son exigentes en aplicar el citado PEPRI. Saben que el tratamiento de las fachadas debe ser muy cuidadoso; que si quieren poner ascensor y la escalera está catalogada, la obra se complica mucho y, en todo caso, hay que hacer un cuidadoso trabajo arqueológico; que si existe un escudo, este debe ser restaurado por un experto; que sólo puedes aislar las fachadas para mejorar su comportamiento térmico si respetas sus valores arquitectónicos.
¿En qué situación quedarán esos funcionarios y la propia Institución Príncipe de Viana cuando uno de esos ciudadanos quiera o necesite hacer lo contrario de lo que dicen las normas? ¿Los concejales del equipo de gobierno se las cambiarán a medida? ¿Qué mensaje están lanzando: “Incumple, que no pasa nada”? Cuando se le pregunta por ello, el señor Asiron no contesta. Mejor dicho, se va por otros derroteros. Estaría bien que contestara claramente a la siguiente pregunta: ¿cumple el proyecto de urbanización de Sarasate, y en concreto el traslado de las esculturas de los reyes, con el artículo 103, ámbito 11, de la Normativa General y Particular del PEPRI?
Entre los concejales del equipo de gobierno y de quienes lo sostienen hay varios con conocimientos más que suficientes para entender la normativa del PEPRI y saber que lo que ahora están apoyando, al menos con su silencio, es ilegal. Pero, además, saben que apoyar el proyecto con la intención de modificar después el plan es doblemente inmoral. Primero, porque existe una regla de oro en el urbanismo: no pueden modificarse los planes para convertir lo ilegal en legal. Segundo, porque están adulterando el propio objeto y trámite de cualquier modificación de plan. ¿Para qué servirán el proceso participativo, las ideas que surjan de él, las alegaciones y los posibles recursos posteriores si todo esta atado y bien atado desde mucho antes?
No sigan adelante con el traslado de las esculturas, modifiquen el proyecto de urbanización para mantenerlas en el paseo y, si quieren insistir en su idea y quieren modificar el plan vigente, presenten la propuesta, tramítenla y apruébenla, siguiendo todos los procedimientos aplicables, antes de adjudicar las obras. Pamplona y sus ciudadanos, que cumplen fielmente con las normas vigentes, se lo agradecerán. Si tú, ciudadano, no puedes incumplir las normas, yo, Ayuntamiento, tampoco puedo. Ese debe ser el mensaje.
Para quien haya llegado a leer hasta el final este artículo, y tenga curiosidad por ello, le aporto el PDF donde encontrará el artículo 103, ámbito 11, al que antes me he referido:
