"El Sánchez exhibicionista se aparece aquí en una versión que no habíamos visto de superestrella de Hollywood con helicópteros de paparazzi sobrevolándole"

Publicado el 27/08/2025 a las 05:00
Contó el reportero de la tele que a las diez y veinticuatro minutos de la mañana, había despegado el Falcon de Sánchez del aeropuerto de Lanzarote para llegar al Consejo de Ministros. La partida tenía lugar después de veinte días de presidenciales vacaciones en el complejo de La Mareta, al borde del mar de Mi Españita en lo que llamaremos el Maretazo, y recordé que a todo el mundo hay un momento en que las vacaciones se le hacen largas. El mayor placer del verano es el primer baño y el segundo, el último. En las imágenes aparecía el avión sobre la pista, enhiesto camino del cielo con su presidencial carga, destinado a un septiembre de declaraciones ante los tribunales, informes de la UCO y unos presupuestos que no van a salir.
Ah, volver a casa. No conviene dejarse llevar por la molicie, ni por las retóricas populistas anti vacaciones de los presidentes, que deben descansar como todo el mundo. Con todo, las vacaciones de La Mareta responden al arquetipo del comportamiento sanchista. Cerrar el espacio marítimo alrededor de la casa de uno, cosa que no hacía ni el Rey, salir con la tableta saltando al mar y protegerse con cien policías de los fotógrafos y de los ciudadanos amantes de la fruta alcanza el cénit de la bunkerización del pedrismo en Moncloa. También toca fibras muy sensibles del culto al poder, esta vez por la vía del papel couché con robado en bikini en la playa.
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Eso mientras España se quema y a la señora le imputan más delitos que a aquellos protagonistas de las pelis del cine quinqui, y después de que la UCO haya desmontado una presunta trama de concesiones de obra pública con dos secretarios de organización imputados hasta las trancas y lo que te rondaré Francina, sucede en un melasudismo propio de un personaje que va con sus partes políticas al aire del mediodía. El Sánchez exhibicionista se aparece aquí en una versión que no habíamos visto de superestrella de Hollywood con helicópteros de paparazzi sobrevolándole, un tipo que pretende escenificar que nada le importa en un impúdico disfrute tropical que no nos esperábamos de él incluso ahora en que de él hemos aprendido a esperarnos cualquier cosa.