Cartas de los lectores
Gracias al equipo del HUN por cuidar a mi padre en sus últimos días a 35 grados


Publicado el 23/08/2025 a las 05:00
En primer lugar, me gustaría dirigirme a todo el personal de la cuarta planta del edificio general del Hospital Universitario de Navarra que ha atendido a mi padre en sus últimos momentos de vida con estas palabras: ¡Gracias! Qué gusto de profesionales, qué maravilla de seres humanos. Y no pongo nombres ni empleos porque no me quiero dejar a ni uno solo de ellos.
En segundo lugar, quiero subscribir lo anunciado y denunciado en este periódico, hace algunos días, sobre el calor que ha tenido que soportar mi padre durante su ingreso de casi tres semanas en el hospital, como muchos otros pacientes, ciudadanos de esta ciudad. Los políticos que nos gobiernan se jactan de que velan por nosotros, y lo que realmente hacen es darse de tortas entre ellos para ver quién obtiene un cargo, un asiento, y un despacho (seguro que con aire acondicionado). Son todos iguales.
Ya me decía mi padre, desde que yo era pequeño, que los políticos son el mismo perro pero con distinto collar. ¡Y qué razón tenia! Por mí, ya pueden irse todos ellos, sin excepción, allí donde amargan los pepinos. Les diría muchas más cosas, pero no merece la pena perder más tiempo con esos elementos insensibles. Además, dejaría de ser educado y me pondría a su nivel.
El dolor que siento por la pérdida de mi padre sólo se mitiga por la rabia que me entra al ver cómo toda esta mafia que nos gobierna, tenga el collar que tenga, “vela” por nuestro bienestar. Amargo gusto que da ver cómo nuestros cuantiosos impuestos son empleados en pagar sus vicios (ya de todos sobradamente conocidos, si bien estos no los ponen en sus curriculum vitae, engordados con títulos que en muchos casos resultan no tener), sus malditos chiringuitos, y para que sus subvencionados se mantengan a flote y se lucren. Eso sí, mientras, mi padre, que ha trabajado y cotizado toda su santa vida, ha terminado los 18 últimos días de su vida sufriendo a 35 grados en la habitación.
Espero que estas líneas sirvan para remover conciencias, aunque lo dudo mucho, ya que para ello hace falta tener conciencia. Al final, ellos acabarán sus días como todos los ciudadanos, pero, eso sí, bien fresquitos en centros privados... De nosotros, ciudadanos de Pamplona, en buena parte depende que estas situaciones se conozcan, que les llegue nuestro descontento, y se les caiga la cara de vergüenza, aunque, de nuevo, para ello también hace falta tener vergüenza.
Esta situación que estoy describiendo no hace distinciones entre tendencias políticas. Es igual para todos. Y reitero mi más profunda y sincera gratitud a todo el personal arriba mencionado, de parte de mi padre y de toda su familia. Esa calidad profesional y humana, desde luego, mitiga infinitamente más mi profundo pesar. ¡Un fuerte abrazo a todos ellos!
Héctor Lerena Cuenca