Aranceles: el precio del desorden
La bajada de un 5,1% de las exportaciones españolas a EE UU por las nuevas tarifas impuestas por Donald Trump exige una
difícil búsqueda de nuevos mercados

Publicado el 19/08/2025 a las 05:00
Desde que Donald Trump resolvió enarbolar el hachazo arancelario como único procedimiento para resolver supuestas cuentas pendientes de su país con el mundo, las víctimas de su proteccionismo desinformado y primario sabían que la ruptura unilateral con las normas que gobernaban el comercio desde la Segunda Guerra Mundial tendría un precio.
Ya llevan meses pagando, primero por la incertidumbre y después por los porcentajes arbitrarios, y las consecuencias se reflejan ya en las estadísticas. Como cabía prever, el coste para las economías exportadoras es oneroso. En los turbulentos seis primeros meses de mandato del republicano, en un panorama en el que las ventas de España al exterior se situaron en máximos y llegaron a crecer un 1%, las exportaciones a Estados Unidos cayeron un 5,1%. Con los sectores del aceite de oliva y el automóvil como grandes damnificados.
El déficit comercial de nuestro país con el estadounidense creció aumentando aún más el desequilibrio entre ambos. Curiosamente, Navarra ha sido la excepción, con un aumento del 3,1% del valor de las mercancías, y un crecimiento de las exportaciones a EEUU del 37,2% en junio con respecto al mismo mes del año anterior.
Con todo, Europa sigue siendo el primer mercado para las firmas nacionales, que en la nueva coyuntura se ven forzadas a lanzar las redes en diferentes caladeros. Los cambios en los destinos de nuestros productos ya se venían registrando desde la pandemia y la posterior crisis logística. Lo demuestra el 7% de subida de los intercambios con Asia o África. Crecer en un ámbito maduro como el comunitario constituye un desafío al que, sin embargo, no hay que renunciar. Portugal compra a España más que China y EE UU juntos.
El factor de proximidad sigue resultando determinante a la hora de conseguir clientes. Compensar la menor penetración en el mercado estadounidense, con su gran volumen de consumo por parte de la clase media, no será tarea fácil para España ni para Europa. Pero gran parte del mundo ha aceptado que la voluntad de Trump gobierne el comercio.