"Estoy convencido de que mucha gente joven desea algo diferente, algo que nada tenga que ver con la decadencia que en muchos sentidos tiene esta sociedad"


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Alfonso Echávarri

Publicado el 09/08/2025 a las 05:00

Parece que el calor es protagonista, como si esto en verano fuese una novedad. Quien puede, a la playa, a la montaña o al pueblo o simplemente unos días de desconexión sin salir del lugar habitual de residencia. De una forma o de otra, parece que el tiempo se hace más lento durante el periodo estival, aunque, a decir verdad, la velocidad del tiempo es directamente proporcional a la edad de cada cual. A más edad, más rápido pasa todo. Lo que sí que parece es que esto que conocemos como sociedad no pierde la capacidad de anestesia ante todo lo que está sucediendo ahí fuera. Esta anestesia ya viene de lejos, basada en el cansancio y en la decepción. Y es aquí donde me gustaría pararme un momento para compartir contigo algunas reflexiones relacionadas con los ejemplos de vida que esta sociedad global está susurrando al oído de nuestra juventud, a modo de modelo.

Unas líneas más arriba he mencionado la palabra anestesia. Anestesia general, basada en la falta de compromiso, tal vez en el miedo o quizás en la espera de que otras personas resuelvan los problemas. Lo vemos en la escasa-nula respuesta de gobiernos, entidades y ciudadanos ante el horror, la injusticia y la muerte que ante nuestras televisiones sufren muchos miles de personas en diferentes partes del mundo bajo la locura de intereses cuasi personales y banderas que han perdido estrepitosamente cualquier tipo de razón.

No hay razón que soporte el dolor y la muerte por inanición de niños que nada entienden de territorios ni de fronteras. No hay razón sobre las mesas de quienes deciden quien vive o quien muere bajo el aroma de un buen café. Unos y otros. Otros y unos. Que en la barbarie y el sin sentido, todos se igualan. Mal ejemplo a nuestra juventud esta falta de liderazgo, de esta falta de firmeza contra la injusticia más severa. Mal ejemplo el que esta sociedad transmite a nuestra juventud: si algo está lejos, no es nuestro problema.

La anestesia también puede ser local. Vivimos en un entorno donde parece que todo vale, que da igual una cosa que otra. Y lo peor de todo es que nada parece tener consecuencias. Falsedades, embrollos, líos, fraudes, falsificaciones. Personas públicas que han confundido el tener con el ser y que necesitan ser a base de tener. Oiga, usted puede tener cinco licenciaturas o grados y veinte másteres, que, si los tiene, su trabajo y dinero le habrá costado. Pero esto no implica que se sea más que otra persona que no los tiene. A ver si se entera. Pero parece que, en determinados ámbitos, algunas personas necesitan verse reconocidas por lo que dicen que tienen, pero que después no. Mal ejemplo. Muy mal ejemplo confundir el ser con el tener. Como muy mal ejemplo es el trivializar la formación académica como si no fuese necesaria para desempeñar determinadas funciones públicas o privadas. ¿Se subiría usted a un avión en el que quien está al mando no acabó sus estudios de formación para pilotar?

No sirve el argumento de que su trayectoria profesional, de que su experiencia, de que es muy buena gente. No sirve el socorrido argumento de en todas las formaciones, en todos los grupos y en todas las sociedades pasan estas cosas. De que quien esté libre de pecado que tire la primera piedra. No puede haber piedras en los servicios, ni públicos ni privados. Normalizar este tipo de argumentos supone transmitir a nuestra juventud que la instrucción académica, el paso completo por una universidad o una formación profesional basada en el aprendizaje y el esfuerzo no es valorada tanto como estar en el lugar y en el momento adecuado. Y, por supuesto, con las personas adecuadas.

Pero hay muchas más anestesias, más falta de reacción social ante otros tantos modelos que se empeñan en sugerir a muchas personas jóvenes que no vale la pena el compromiso y el trabajo, que la ética y la moral son cosas de una sociedad de otro tiempo. Que el dinero fácil es la verdadera felicidad y que la persona vale tanto como el número de seguidores que tiene en cualquier red social.

Me entristecen y a la vez me soliviantan noticias como las que durante estos días hemos visto publicadas en diferentes medios de comunicación de una niña que ha ganado más de un millón de dólares en tres horas, al cumplir dieciocho años y pasar de una plataforma de adolescentes a otra con contenido para adultos. Un millón en tres horas. Dieciocho años. Quienes tenemos el privilegio de dedicarnos al mundo de la salud mental sabemos que el precio a pagar es altísimo. Y se paga, antes o después. Pero se paga.

No me gustaría que este tipo de cosas fuesen las que legamos a las generaciones que están llamadas a liderar empresas, movimientos, gobiernos y sociedades. Estoy convencido de que mucha gente joven no se deja llamar por estos cantos y que también desean algo diferente, algo que nada tenga que ver con la decadencia que en muchos sentidos tiene esta sociedad, en la que el ser humano es abandonado en demasiadas ocasiones a su mala suerte y en la que pase lo que pase, al final no pasa nada. Os tocará cambiar muchas cosas. Mientras tanto, ojalá vayamos despertando de ciertas anestesias.

Y a ti, que has leído hasta el final estás líneas, desearte un buen verano, que sigue habiendo muchas cosas buenas ahí fuera.

Alfonso Echávarri Gorricho. Psicólogo y director técnico del Teléfono de la Esperanza.

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