Carta de los lectores
Ahogamientos en Navarra: verano fatídico en el agua


Publicado el 09/08/2025 a las 05:00
Con la llegada del verano y el aumento progresivo de las temperaturas, con episodios de calor por el cambio climático y alertas a la población, es lógico que acudamos cada vez más a los denominados ya “refugios climáticos” o “espacios azules” a combatir el calor y disfrutar del agua. Sin embargo, hay que tener en cuenta que estos lugares, además del disfrute, no están exentos de riesgos.
Este verano estamos presenciando un preocupante aumento de los casos de ahogamiento, con la sensación de que algunos podrían haber sido evitables. Según los últimos datos, más de trescientas personas se han ahogado ya este año, si bien un porcentaje bajo ha sucedido en piscinas. Pero, además, este verano ha sido el más fatídico en lo que a ahogamientos se refiere desde hace más de diez años.
Es verdad que Navarra no es la comunidad más castigada, como sí lo son Andalucía, Canarias o el litoral mediterráneo, pero también tenemos menor número de espacios, sean ríos o embalses o piscinas. A pesar de ello, se han producido tres en este verano, sin entrar en las causas. Si bien la mayoría de estos sucesos se producen en lugares donde no está establecida la obligatoriedad de vigilancia, salvo que se haya declarado bandera azul, como playas no urbanas, ríos, pantanos o embalses, también suceden en piscinas con socorrista, aunque menos.
El perfil más frecuente en estos sucesos suele ser el de hombres adultos, pero este verano está siendo significativo el aumento en menores de edad, más de treinta y la mayoría menores de diez años, en piscinas de hoteles, municipales o fincas privadas. Aquí la supervisión parental juega un papel definitivo en la prevención, además de las barreras de protección, alarmas o lonas.
Hay que recordar que el ahogamiento en niños es silencioso, no gritan como cuando se caen, sino que se agobian, por lo que dependen de nuestra vigilancia estrecha. También es relevante la formación de nuestros socorristas, ya que quienes velan por la seguridad acuática deben tener una capacitación adecuada, que es difícil de encontrar por la idiosincrasia del trabajo de verano y otros aspectos que los han llevado en algunas zonas incluso a la huelga. También insistir en que la prevención debe empezar en edades tempranas, con la enseñanza de la natación y otras normas de seguridad en el agua, lo que es menos frecuente si procedes de países donde el agua es un recurso muy limitado.
Desde Bandera Azul nos recuerdan que hay cinco causas en los ahogamientos: ser hombre por más conducta de riesgo; menor sin vigilancia parental; nadar en solitario; deseo de aventura y exploración y no respetar las indicaciones de seguridad. Habría que añadir un mayor uso por los veranos tórridos, ya que en la pandemia descendieron.
En todo caso hay unas recomendaciones a tener en cuenta para disfrutar sin riesgos: supervisión constante de menores sin perder contacto visual, bañarse en zonas autorizadas y respetar las señalizaciones e indicaciones del personal, no bañarse en solitario en espacios naturales, evitar las ingestas copiosas o el alcohol que también, en el caso de menores, relaja la vigilancia, usar flotadores y chalecos o boyas, disponer de adecuada formación en emergencias, tener en cuenta las profundidades y corrientes de la dinámica fluvial o marítima, no zambullirse de cabeza si no se conoce el lugar, salir enseguida si nos encontramos mal y evitar baños nocturnos. En definitiva, hay una responsabilidad colectiva y otra individual para disfrutar de estos entornos con seguridad. Hagámoslo posible.
Teresa Ferrer Gimeno, jefa de Sección de Sanidad Ambiental del Instituto de Salud Pública y Laboral de Navarra