Una alcaldada en forma de ‘figurillas’
Asiron y Abaurrea deciden despreciar 140 años de historia, el tiempo que las estatuas de Sarasate han sido testigos del ir y venir de los pamploneses

Publicado el 07/08/2025 a las 05:00
Gardel decía en su célebre tango que “veinte años no es nada”. Sin embargo, Asiron y Abaurrea, en su papel de improvisados compositores del urbanismo pamplonés, han decidido ir más allá y despreciar 140 años de historia. Esos son los años que las estatuas del paseo de Sarasate llevan siendo testigos silenciosos del ir y venir de los pamploneses. Para Gardel, el tiempo era nostalgia; para ellos, parece haber sido una pesadilla que hay que borrar y relegar al olvido.
El alcalde Asiron, en un intento de justificar el traslado de las esculturas al parque de la Taconera, llegó a calificarlas como “figurillas de taller” durante una intervención en el Salón de Plenos. Según su criterio, no son dignas del paseo de Sarasate, aunque sí lo sean, curiosamente, para el nuevo ‘cajón de sastre ‘de la ciudad: la Taconera.
Al parecer, ni Nicasio Landa ni Iturralde y Suit acertaron cuando promovieron la adquisición de estas esculturas procedentes del Palacio Real. Una ‘equivocación’ en la que también incurrió la corporación municipal de la época, que las solicitó formalmente al rey y que finalmente consumó el arquitecto Florencio de Ansoleaga al integrarlas en su proyecto. Lástima que en aquel entonces no estuvieran Asiron y Abaurrea para evitar semejante ‘desatino’.
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Lo que el señor alcalde parece ignorar es que estas “figurillas” son el último testimonio vivo de aquella transformación urbanística que revolucionó la Pamplona del siglo XIX. Como recuerda Asunción de Orbe Sivatte en su libro Arquitectura y urbanismo en Pamplona a finales del siglo XIX y comienzos del XX, la creación del entonces llamado paseo de Valencia supuso una auténtica revolución: los pamploneses podían, por primera vez, disfrutar de un espacio amplio, abierto y agradable sin necesidad de salir extramuros ni cruzar las puertas de la ciudad.
Desde entonces —desde que este espacio fue concebido como un gran bulevar, similar al que hoy disfrutamos— las estatuas han estado en el lugar para el que fueron traídas: el paseo de Sarasate. Y allí han permanecido hasta ahora, cuando el señor Asiron, en una decisión más propia de una ocurrencia personal que de una reflexión seria y fundamentada, ha decidido que le sobran.
Estas esculturas son el último vínculo visible con el diseño original del paseo, anterior incluso al Monumento a los Fueros, y forman parte de su identidad histórica y simbólica. Aún estamos a tiempo de recapacitar. Aún podemos conservar las estatuas en su lugar original, como símbolo de aquella concepción pionera del espacio público como zona verde, de estancia y de encuentro, que idearon nuestros antecesores y materializó Florencio de Ansoleaga hace ya 140 años.
Aitor Silgado Goicoechea es concejal de UPN en el Ayuntamiento de Pamplona.