"Peor que el calor es la gente diciendo que hace calor, que dan un sofoco horroroso"

Actualizado el 05/08/2025 a las 23:09
Peor que el calor es la gente diciendo que hace calor, que dan un sofoco horroroso. Alrededor del bochorno se articula todo un sistema de percepciones por el que más calor hace cuanto más lo piensa uno y, si lo ignora, se diría que refresca. La gran ciudad, monstruo de asfaltos y de metal, está más caliente que José Luis Ábalos y todo son consejos sobre hidratarse y no salir en lo que se llama las horas centrales del día. Hay gente que se queda en Madrid en un agosto delicioso y se dedican a la francachela para los que las horas centrales del día son entre las seis de la tarde y las nueve de la noche. Otra gente juega al tenis y sale a correr por el anillo ciclista a las tres de la tarde, ejercicio para el que resulta fundamental estar como las auténticas maracas de Machín. En Madrid hay calles con nombres de islas —Menorca, Ibiza— a las que los castizos llaman Costa Retiro aunque el mar quede a 466 kilómetros de distancia. La gente se muere de calor literalmente.
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Este año, el Sistema de Monitorización de Mortalidad Diaria (MOMO), que tiene nombre de monstruo en el armario, dice que en lo que va de año ha palmado de calorina un 50% más de españoles, pero todavía no sé si los mata el calor o la inconsciencia. Leo noticias de gente a la que le dio un ataque de calor a cuarenta y dos grados a las tres de la tarde en la cima de alguna sierra de Córdoba, y eso no se le ocurre ni al que asó la manteca. Lo he escuchado en los telediarios, que también me dan un calor horroroso como de siesta en un sofá de escay en agosto, con esos mapas, que antes eran verdes, amarillos y naranjas, teñidos de rojos y de violetas como la caldera del Pequod en la que fundían, en noches satánicas, la grasa de la ballena. Nos están dando una buena turra con que se funden los casquetes y yo no pretendo negacionar, pero si hubiéramos hecho caso a los primeros catastrofistas, hace tiempo que nos habríamos extinguido, o algo. Paradójicamente, la de agorero es una profesión con mucho futuro.