"Adriano le dijo a su galeno: 'Nadie se siente emperador ante un médico'. La paradoja se cifra en que algunos médicos sí se sienten emperadores ante un enfermo"

thumb

Juan Gracia Armendáriz

Actualizado el 02/08/2025 a las 22:10

La relación entre médico y paciente no es sencilla. A veces, ha dado mucho juego literario. Balzac, por ejemplo, cuya madre era un compendio de hipocondrías y cuyo padre tenía como única meta vital llegar a centenario, tomó prestados rasgos de médicos que conocía para conformar uno de sus personajes favoritos, el doctor Bianchon. 

Según escribió Balzac, su personaje “tenía un ojo divino, veía a través del enfermo con una intuición natural”. El doctor Bianchon diagnosticaba con mirada de galeno y sabía prever en qué momento debía operar al paciente. 

No es extraño que en su lecho de muerte, acompañado únicamente por su madre, Balzac, que sentía la muerte ya muy cerca, implorara la presencia de su criatura de ficción: “¡Llamad al doctor Bianchon!”. No siempre las relaciones de los escritores con los médicos fueron tan entusiastas.

¿ERES SUSCRIPTOR? AQUÍ TIENES MÁS INFORMACIÓN SOBRE ESTE TEMA

Amplía la información sobre OPINIÓN en la edición e-paper de Diario de Navarra, disponible a diario para suscriptores de papel y PDF

 Franz Kafka, que, como es sabido, era depresivo, insomne y tuberculoso, otorgaba a su enfermedad una cualidad divina, pero cuando esta avanzó a su estadio final, el gran Kafka, con los pulmones ya quemados por la hemoptisis, le gritó a su médico: “¡Máteme usted, si no es un asesino!”. Entre ambos modos de relacionarse con los médicos, desde la admiración de Balzac a la tensión de Kafka, está el caso de Marcel Proust, que se cuidaba el asma con vaporizaciones y café. Encerrado en su cuarto asfixiante e insonorizado, y habiendo rechazado todo consejo médico, lo visitó un doctor famoso, amigo de su hermano, que le leyó la cartilla para, al final, añadir: “No busque remedio en el alcohol o la cocaína, sólo agravarán su estado”. Cuando se fue, Marcel Proust sufrió el ataque de asma más fuerte de su vida. Pío Baroja fue médico; también Arthur Conan Doyle y muchos otros escritores. Anton Chéjov fue un médico rural compasivo; también el poeta expresionista Gottfried Benn. A veces, el paciente echa en falta esa proximidad del médico que uno le presume a estos autores. Adriano le dijo a su galeno Hermógenes: “Nadie se siente emperador ante un médico”. La paradoja se cifra en que algunos médicos sí se sienten emperadores (y emperatrices) ante un enfermo.

Continuar

Gracias por elegir Diario de Navarra

Parece que en el navegador.

Con el fin de fomentar un periodismo de calidad e independiente, para poder seguir disfrutando del mejor contenido y asegurar que la página funciona correctamente.

Si quieres ver reducido el impacto de la publicidad puedes suscribirte a la edición digital con acceso a todas las ventajas exclusivas de los suscriptores.

Suscríbete ahora