Cartas de los lectores
Carrera inútil para coger la villavesa


Publicado el 25/07/2025 a las 05:00
Pamplona, 8:15 de la mañana. Un ciudadano corre hacia la parada. Faltan unos cinco metros. Levanta la mano, jadea. El conductor del autobús, perfectamente consciente de la escena -porque lo ha visto, claro que lo ha visto, el ciudadano corre de cara al autobús-, decide cerrar las puertas con parsimonia y marcharse con una puntualidad suiza que, curiosamente, nunca aparece por ningún lado cuando el autobús llega tarde.
Y uno se pregunta: ¿es esta rigidez gratuita una muestra de profesionalidad... o de pura indiferencia? Da la impresión de que algunos disfrutan con ese pequeño ejercicio de poder: ver correr al pasajero, decidir no esperarle y seguir su ruta, como si el autobús fuera un privilegio bajo su control.
Este tipo de comportamiento, repetido y tolerado, convierte el transporte público en demasiadas ocasiones en una carrera absurda en la que el ciudadano siempre pierde. Y lo peor es que quien más necesita el servicio -trabajadores, estudiantes, personas mayores, madres y padres con niños de la mano- es quien más sufre esta desgana al volante.
¿Tanto cuesta esperar tres segundos? Parece que, para algunos conductores, retener una puerta abierta es casi una afrenta personal. ¿De verdad es eso lo que queremos en una ciudad que presume de ser moderna, accesible y amable?
La Mancomunidad haría bien en recordar a sus chóferes que el transporte público no es un lujo: es un servicio. Y un poco de empatía al volante no solo mejora la experiencia del usuario. También dignifica el uniforme.
Mikel García Otamendi