"Vox se apoya en los 'torrepachecos' (y los que vendrán) para extender el napalm de la xenofobia, que, dicho sea de paso, tiene una base esencialmente económica"

Publicado el 20/07/2025 a las 05:00
Mi carnicero es peruano. Comenzó como ayudante del dueño, ya retirado, y ahora es él quien regenta la única carnicería del barrio. Lo acompañan dos paisanos: uno se ocupa de los embutidos, el otro, ayuda en la sección de carnes. Si el primero es más bien hosco, el segundo te deshuesa un pollo con maneras de cirujano amable. Las fruterías se las reparten pakistaníes y españoles. Baratas las primeras, caras las segundas. Los bengalíes, siempre sonrientes —nada que ver con la sequedad de los fruteros del Cercano Oriente—, hacen la competencia a los chinos, pero sus negocios derivan hacia el bazar diminuto donde puedes adquirir un paquete de chicles o comprar un cargador para el móvil. En mi edificio vive un vecino venezolano tan bondadoso que algún día asistiré a su beatificación; la mujer que limpia las escaleras tiene uno de esos rostros que sólo se ven al otro lado del Rhin. Es una mujer dura que está enamorada de mi perro. Los panaderos del barrio son argentinos: ella, encantadora; él ejerce de bonaerense. El chino, a quien le compro en casos de urgencia, sorbe fideos en un cuenco y no aparta la mirada del teléfono las doce horas de su jornada laboral.
La cuestión cambia cuando visitas algún barrio menos próspero: bandas latinas, centros de acogida conflictivos —sé de lo que hablo—, carteristas en el metro y miradas de alfaje. Vox se ha cubierto de gloria en su imitación chusca de Trump: la deportación de todos los inmigrantes. Como me decía un cura: “No es muy cristiano éste su proceder”. Al otro lado de la ecuación, un Gobierno cuyas políticas se han demostrado ineficaces, retóricas y totalmente permisivas con los delincuentes en situación irregular. Vox se apoya en los 'torrepachecos' (y los que vendrán) para extender el napalm de la xenofobia, que, dicho sea de paso, tiene una base esencialmente económica. La inmigración ilegal no se arregla con buenismo ni con linchamientos. ¿Y cómo? Pues no lo sé, pero en Madrid quienes más sufren los problemas de la inmigración irregular viven en barrios obreros, un buen caladero de votos para los ultravox, que continúan en su cruzada por ser el mejor argumento de Sánchez.