Cartas de los lectores
Un niño de dos años, desatendido por el SNS


Actualizado el 04/07/2025 a las 07:57
Me dirijo a este medio como abuela profundamente preocupada por la situación sanitaria que estamos viviendo con mi nieto, de tan solo dos años de edad. Desde hace dos meses sufre fuertes dolores en la boca, sangrado de encías y llagas persistentes que le impiden comer y descansar con normalidad.
Mi hija, su madre, ha acudido de manera insistente tanto al pediatra como al servicio de urgencias del Servicio Navarro de Salud - Osasunbidea, prácticamente a diario. La única respuesta que ha recibido han sido calmantes como Nolotil o Ibuprofeno. Incluso estuvo ingresado durante cuatro días, sin que en ningún momento se le haya realizado una analítica básica para descartar, por ejemplo, una bajada de plaquetas o una posible celiaquía, ni tampoco una placa para comprobar si la erupción de los dientes podría estar afectando algún nervio.
Lo más alarmante es que, ante la insistencia de la familia, las únicas respuestas por parte del personal sanitario han sido: acudir a un dentista privado - cita que ya hemos solicitado, aunque no debería ser la única vía para un niño de dos años-, o, lo que es aún más desconcertante, proponer su ingreso hospitalario con sujeción física para evitar que el niño se lleve las manos a la boca. Todo esto, insisto, sin haber practicado ninguna prueba diagnóstica que justifique o descarte el origen del problema.
Como ciudadana, como madre y como abuela, no puedo entender ni aceptar que se alegue falta de presupuesto para realizar pruebas mínimamente necesarias a un menor que sufre visiblemente. ¿Hasta qué punto hemos llegado, si no se considera prioritario realizar una analítica o una simple placa a un niño que lleva dos meses con dolor crónico?
Escribo esta carta con la esperanza de que alguien, desde las instituciones competentes o desde la propia opinión pública, pueda interceder. Solo pedimos que se valore este caso como lo que es: urgente y prioritario. Que se actúe con humanidad, sentido común y responsabilidad profesional.
MARÍA ECHEVERRÍA DELGADO