La OTAN y Trump ya conocen a Sánchez

"El presidente ya había advertido de su intención y ayer la ratificó, al menos de palabra: España no gastará más del 2,1% del PIB en defensa. Con la amenaza de Trump sumamos el peor enemigo"

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Editorial DN

Publicado el 26/06/2025 a las 05:00

El presidente Pedro Sánchez se ha convertido, y con él nuestro país, en el gran protagonista de la cumbre de la OTAN que se ha celebrado estos días en La Haya. Sánchez ya había advertido de cuáles eran sus intenciones, y ayer terminó por ratificarlas, al menos de palabra: España no gastará más del 2,1% del PIB en defensa, una cifra que según él obedece a los cálculos de los técnicos de las Fuerzas Armadas y de Defensa, y eso permitirá cumplir sus compromisos con las capacidades de la OTAN. La realidad es que todos los aliados secundaron una declaración final en la que expresan su “compromiso inquebrantable con la defensa colectiva” y llegar a una inversión del 5% del PIB en defensa en la próxima década. 

Es clara, no establece una excepción para España y marca la obligación de presentar planes anuales para conseguir ese objetivo. A pesar de ello, Sánchez insiste en que España podrá seguir su propia ruta soberana de inversión. El problema es que su credibilidad está tan sumamente mermada, que todo se presta a interpretación, en un momento en el que la estabilidad y el orden mundial exigen un debate sereno y alejado de populismos. Lo único constatable con seguridad es que la decisión manifestada por nuestro presidente ha enfurecido a Trump, que con su tono de matonismo preocupante, ya ha amenazado irresponsablemente con desatar una guerra comercial contra España. Por si no atesoramos suficiente ruido político dentro de nuestro país, sumamos ahora el peor enemigo externo que cabría esperar para los intereses generales. 

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Es imposible desligar la posición adoptada por Sánchez del terremoto político que le cerca desde hace días con especial intensidad. Consciente mejor que nadie de su debilidad, después de la presunta trama corrupta que ha sacudido a su partido, Sánchez quiere ganar la batalla del relato. Y qué mejor que presentarse como el líder que se planta ante Trump. Con el riesgo que ello conlleva. Y, por supuesto, garantizarse así el apoyo de unos socios que le sostienen en Moncloa con la respiración asistida y cada vez más a su merced. Su principal preocupación pase lo que pase es agotar la legislatura. Los intereses de Sánchez cada vez se separan más de los del conjunto de los españoles. El problema está en ver dónde nos lleva esta huida hacia delante.

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