"Uno trata de reflexionar mientras persigue a una liebre, y así no hay manera"

Publicado el 08/06/2025 a las 05:00
Esta columna nace muerta. Quiero decir que se va a quedar tiesa tan pronto termine de escribirla, porque la sucesión de grabaciones, “guasas” bulos e intrépidos espectáculos televisivos en el ruedo ibérico, marcha tan rápida que las noticias sobre nuevos escándalos se suceden a ciento sesenta pasos por minuto. Rompe cualquier podómetro. Uno trata de reflexionar mientras persigue a una liebre, y así no hay manera. Haría mejor en imitar a Sánchez, que parece que se ha quedado mudo, y en lugar de perseguir la actualidad, escribir una columna mística sobre los beneficios espirituales del silencio. Algo he aprendido: Sánchez es como el Real Madrid, lo das por muerto y resucita a tres minutos de que termine el partido. Hace muchos años, vi al que era entonces director de El Mundo salir de su despacho y gritar: “¡De esta no sale Felipe!”. Y vaya si salió.
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Aún tardaría el PSOE una legislatura, con chantaje en forma de vídeo a aquel director de periódico, en doblar por trombosis política. Así pues, no confundiré mis deseos con la realidad. Muchos comentaristas no ven a Feijóo con el carisma necesario para ser presidente del gobierno. En este punto no aprendemos. Para la historia queda el apodo que le endosó Santiago Carrillo al emérito. Juan Carlos I. El Breve lo enterró y aún borbonea por ahí entre pleitos y regatas. ¿Alguien podía esperar que un inspector de Hacienda bajito, con bigote y pelo abetunado gobernaría dos legislaturas? En efecto, Aznar tenía el carisma de un mechero. ¿Y dónde reside el carisma de Pedro Sánchez? ¿En la talla del pantalón? Y ahí lo tienen, estatua del Jardín Botánico. Uno sospecha del carisma de un político tanto como de la logomaquia de un comercial. ¿Y qué me dicen del carisma de Rajoy? El carisma es para líderes de sectas, fundamentalmente. Uno confía en que Emiliano García-Page, un hombre normal, ni guapo ni feo, ni alto ni bajo, salve al PSOE de su implosión. Pero ya ven, es un deseo, no un pronóstico. En tanto, seguiremos apoyados en el burladero, a ver hasta dónde es capaz de aguantar el gobierno y hasta dónde le alcanza la risa que le damos todos.