Cartas de los lectores

¿Realmente queremos a los animales?

Ilustración de un perro
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Javier Yábar Jimeno

Publicado el 27/05/2025 a las 05:00

Tomando café con unos amigos ha surgido un tema de conversación que debiera transcender, más allá de de ese entorno. “¿Queremos realmente a los animales de compañía?”. En la tertulia éramos varios los que habíamos perdido a una criatura entrañable y todos nosotros fuimos capaces de describir el dolor que su falta nos había provocado.

Evidentemente les queríamos, fuimos felices compartiendo parte de nuestra existencia con ellos. No hay tertulia, ni café entre amigos, que termine tan fácilmente en consenso, así que me tocó hacer una reflexión para la polémica. ¿Se puede querer a un animal sin conocer realmente lo que éste necesita? Tras muchos tumbos, la conversación pasó por describir situaciones particulares que nos llevaban a lugares difíciles de evaluar con parámetros comunes, así que no nos quedó más remedio que repasar nuestras vidas y su relación con los animales. Hubo consenso en que cuando en los años 80 del siglo pasado compartíamos piso en Zaragoza durante el desarrollo de nuestras diferentes carreras académicas, los animales de compañía no existían. ¡Ojo! Ninguno de nosotros está jubilado a día de hoy.

En tan poco tiempo hemos sido testigos de una evolución exprés cuyas consecuencias soy incapaz predecir. Los animales domésticos con los que convivimos siendo niños, en pocos años han sido recluidos en granjas y han desaparecido del entorno humano. Las personas, acostumbradas a vivir cerca de los animales, han perdido esa experiencia vital que han tenido que sustituir con la creación de los animales de compañía. Durante el principio de la desconexión entre animales domésticos y personas, la referencia real fue sustituida por un “edulcurado” e irreal punto de vista cinematográfico. Les aseguro que en la vida, en la naturaleza, tan idealizada en la actualidad, ¡jamás!, “Piolín” siendo un canario se reiría de un gato… ¡Jamás! Un ratón, por muy Mickey que fuera, pilotaría un barco… ¡jamás!... ¡Jamás!... muchas más veces, ¡jamás!

El siguiente paso en la desinformación sobre la realidad de los animales lo están acelerando las “redes sociales”. ¡Qué graciosos, buenos, entrañables, listos, guapos y amorosos son los perritos y gatitos que salen en los microvídeos que lo “petan” en internet! A mis amigos, amantes de los animales, testigos de esta evolución y con la cabeza bien amueblada, les pareció bien reflexionar sobre lo que estamos haciendo con nuestro “superpoder” humano y su ascendencia sobre otras especies, en este mundo global. ¿Pueden 40 años cambiar las necesidades de especies animales que han tardado 40.000 años en acoplarse a nosotros? ¿Cuántas personas que deciden meter en su casa a un animal para que forme parte de su familia “interespecífica”, conoce realmente las necesidades que esa especie adoptada tiene para desarrollar su vida conforme a lo que su fisiología y salud mental necesitan? ¿Realmente sabemos los humanos lo que es querer; o solo llegamos a saber lo que es querernos? No, no son como nosotros. No, no necesitan lo mismo que nosotros. Tengo que reconocer que a día de hoy, la mayoría de los tutores de mis pacientes, tiene claras estas reflexiones, pero también tengo que constatar que cada vez es más frecuente el despiste.

Por favor, hagan caso. No es lo mismo obtener placer o generar endorfinas que comprometerse, velar y asumir responsabilidades. Quizá el tema trascienda al planteamiento inicial, ya que los conceptos proyectados sobre una relación interespecífica, no terminan de tener límites ni soluciones fáciles en las relaciones intraespecíficas puramente humanas. Lo dejo para el próximo café… Por favor, denle una “pensadica” al tema, sin duda, se lo merece.

Javier Yábar Jimeno

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