"Más allá de los chascarrillos, lo que prueban esos mensajes es la confianza de Sánchez con Ábalos, un tipo al que confiaba los trabajos sucios"

Publicado el 18/05/2025 a las 05:00
Ha sido la semana de los “guasa”, que diría María Jesús Montero, quien se expresa siempre arrebolada, como si acabara de bajar de un tablao y se hubiera apretado dos rebujitos. Con ese lolailo que la caracteriza, escribió a Ábalos: “¡Eres nuestro tronco!”. A lo que Ábalos, contestó: “Tú te mereces eso y mucho más”. Mejor no especulemos en qué merecimientos pensaba la estrella de rock de los paradores nacionales. Que Sánchez tildara de “pájara” a Margarita Robles es una manera de insultar por elevación y no llamarla directamente periquito. Más allá de los chascarrillos, lo que prueban esos mensajes es la confianza de Sánchez con Ábalos, un tipo al que confiaba los trabajos sucios, sabiendo o no a qué dedicaba el tiempo libre su bragado lugarteniente. Tanto mensaje entre enemigos íntimos ha difuminado las causas del apagón.
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Entre tanto argumento estéril usado por el gobierno para no explicar las causas del incidente, se ponderó el comportamiento cívico de los españoles quienes, a diferencia de los alemanes pongamos por caso, no se encerraron en sus casas, sino que improvisaron un día de asuntos propios con cañas al sol. Si el apagón dura siete días con sus siete noches, al tercero nos sale el anarquista ibérico que llevamos dentro, y al séptimo descansamos sobre los muros desmoronados de la patria mía, que diría Quevedo. ¿Y qué hubieran hecho los alemanes? Leer las obras completas de Goethe a la luz de un candil, mientras cucharean un cuenco de col fermentada. Se diría que el apagón es una metáfora inopinada de la situación del gobierno, por el que se extiende Ábalos como una alfombra de napalm. No obstante, en España tradicionalmente quien amenaza con tirar de la manta finalmente no lo hace y pacta una salida judicial airosa. Sea como fuere, recordemos que Goethe dijo en su lecho de muerte “¡Luz, más luz!”. Hay quien interpreta sus últimas palabras como un deseo de trascendencia, pero quizá sólo pedía que alguien descorriera las puñeteras cortinas.