"Alberto se ríe, está acostumbrado a las mentiras. Yo creo que este hombre es una luciérnaga, con y sin luz"

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Juan Gracia Armendáriz

Publicado el 04/05/2025 a las 05:00

Alberto es mi vecino. Vive con su hija en un apartamento de treinta metros cuadrados, por cuyo alquiler paga mil cuatrocientos euros al mes. Portentosos capitales venezolanos y mexicanos compran casas por valor de cinco millones de euros en el barrio de Salamanca. Pude comprobarlo. En un restaurante especializado en gastronomía de Baja California situado frente a El Retiro, los comensales de la mesa de al lado comentaban sus últimas inversiones en Nueva Jersey. No eran los Soprano, sino dos familias con niños; ellos vestían camisetas, vaqueros y gorras de béisbol. Nada que ver con mi vecino. Alberto es venezolano, hace las veces de padre y madre, mientras su esposa le envía dinero desde Caracas, donde dirige un restaurante. Él ha conseguido trabajo en la cocina de una residencia de ancianos. 

El primer día que nos amigachamos me invitó a su casa: limpia, diminuta; angustiosamente digna, estampas de santos en las paredes. Duerme en el sofá y su hija ocupa el dormitorio. La ayuda en sus estudios de Química pues es ingeniero agrónomo. Ve series en Netflix y telediarios. Es piadoso, educado como lo son al otro lado del océano. Mi perro lo adoptó desde el primer día, cosa rara en un perro que muestra desconfianza con los hombres, pero no con las mujeres. Alberto preparó unas arepas y unos champiñones a la cerveza que trajo en un túper; a los pocos días le correspondí con un estofado. Así nos vamos intercambiando platos, experiencias, conversaciones de ida y vuelta. 

El día del apagón me mostró dos linternas y varias velas, sabía de lo que hablaba: “Durante uno de los apagones, en Caracas estuvimos una semana sin luz”. El día del apagón lo pasamos en su casa, brindamos con cerveza a la luz de las velas. Nos reímos y charlamos un buen rato. De repente, a las once y media de la noche, los electrodomésticos se despertaron con bostezos intermitentes. Se hizo la luz. Los políticos y tertulianos hablan como si fueran expertos en ingeniería eléctrica. Alberto se ríe, está acostumbrado a las mentiras. Yo creo que este hombre es una luciérnaga, con y sin luz.

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