Entender a Francisco

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Olga Brajnovic

Publicado el 23/04/2025 a las 05:00

El domingo de Pascua el papa Francisco lanzó al mundo un mensaje claro y enérgico en favor de la paz y contra la carrera de armamentos. Volvió a ser la voz de las víctimas de las guerras que salen en las noticias, y de esas otras de las que nadie habla. Rompió una vez más una lanza por los más débiles y necesitados. Impartió su última bendición y fue a saludar a los fieles desafiando los consejos médicos que le recomendaban descansar. Horas después falleció.

Ahora, los analistas y los medios de comunicación intentan definir su persona y su pontificado y predecir el futuro. Hablan del Papa cercano, el Papa del pueblo, del Papa reformador que plantó cara a los conservadores, pero no llegó tan lejos como esperaban de él los progresistas y otras interpretaciones similares.

Mientras la gente de a pie espera para despedir a un guía que ha alzado la voz por la dignidad de cada persona humana desde la fe en que todas son criaturas de Dios, los medios internacionales intentan encajar esa realidad en el esquema político de izquierda-derecha o progresismo-conservadurismo, y no pueden.

El Papa no hace política de izquierdas cuando habla de la dignidad de la vida de los inmigrantes y la necesidad de que quienes tienen poder actúen para solucionar este enorme problema que aqueja al mundo. Tampoco hace política de ningún signo cuando recuerda que los homosexuales tienen dignidad ni se lanza a los brazos de la derecha cuando proclama que existe el derecho a la vida desde la concepción. Es el Papa. Defiende a las personas humanas en el mundo de hoy. No se alinea con los Verdes cuando habla del cambio climático. Habla de lo que los hombres responsables tienen que hacer para conservar y mejorar el mundo en el que viven, que es creación de Dios.

Es mucho más fácil entender a Francisco cuando se deja de pensar en él en términos políticos y se empieza a verlo como lo que es: el Papa. Jorge Mario Bergoglio es un sacerdote argentino que fue elegido para guiar a una Iglesia que tiene más de 1.400 millones de fieles por todo el mundo, que por esa posición ha tenido información de primera mano de lo que ocurre en cada rincón del planeta a la gente de a pie. Un Papa que, como sus predecesores, ha alzado la voz, comprometido con su tiempo, un tiempo muy controvertido. Un fiel servidor de Dios entregado a la causa de la dignidad de las personas humanas.

Es verdad que lo que dice el Papa tiene consecuencias políticas. Si habla de la paz y el desarme en un momento en que hay una carrera de armamento y auténticas sangrías en distintas partes del planeta (Ucrania, Gaza, Congo, Sudan, por citar algunas) algunos poderosos pueden sentirse interpelados. Es un problema político para ellos, que tienen que responder ante su electorado o mantenerse en el poder en sus dictaduras. Por eso interpretan la realidad, la manipulan, la adornan, la presentan como mejor les conviene.

Pero el Papa responde ante Dios y dice la verdad.

Dentro de unos días comenzará el cónclave. Empezarán a salir listas de “papables” con apellidos de conservadores y progresistas. Los vaticanistas hablarán de las tensiones entre los grupos que quieren hacerse con el poder. Quizá sea bueno recordar lo que pasó en el anterior cónclave. Hubo papables, candidatos, teorías de todo tipo. En ninguna lista aparecía el cardenal Bergoglio, y sin embargo acabó siendo Papa y dejando una profunda huella.

Olga Brajnovic. Periodista

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