Francisco, un pontificado entre dos viajes

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Florencio Roselló Avellanas

Actualizado el 22/04/2025 a las 09:24

¿Dos viajes? Sí, el pontificado del papa Francisco se enmarca entre dos viajes que han marcado su servicio a la Iglesia. El 8 de julio de 2013, Francisco llevaba apenas cuatro meses como obispo de Roma y el primer viaje significativo fue a la isla de Lampedusa. Este viaje le marcó para el resto de su pontificado. Francisco denuncia que, a la puerta de Europa, cuerpos de jóvenes migrantes flotan en las aguas del Mediterráneo buscando un futuro mejor. El último viaje ha sido el pasado 17 de abril de 2025, Jueves Santo, el papa Francisco se acerca a la cárcel de Regina Coeli. Convaleciente, todavía enfermo y falto de fuerzas, les dice a los presos: “Me gusta hacer cada año lo que hizo Jesús el Jueves Santo, el lavatorio de los pies, en la cárcel”. Y añadió: “Este año no puedo, pero sí quiero estar cerca de ustedes. Rezo por ustedes y sus familias”, y el Lunes de Pascua descansó. Parece que necesitó ir a la cárcel para dormirse definitivamente. Inmigrantes y presos, primero y último viaje de su pontificado.

¡El papa Francisco ha muerto! Con sorpresa y tristeza he recibido la noticia. Ha ocurrido lo que nadie quería, pero es humano y entre las limitaciones que tenemos está la muerte. Se escribirá mucho sobre el papa Francisco, se hablará más, quizás se exagerará también. Como todos los papas, Francisco ha marcado una época. Quizás por mi vinculación con el mundo de la cárcel, con la Pastoral Penitenciaria, se me relacionará con este papa. No tengo que agradecerle mi nombramiento, nunca busqué ser obispo.

Las cárceles no son espacios ni lugares “para promocionar”, ni están en los focos mediáticos. Me entregué a la Iglesia para servir. La mayor parte de mi vida ha transcurrido en las cárceles, apartado de focos y de micros, de honores y gloria, pero alguien vino a sacarme de una celda, en la que estaba muy bien, para llevarme al episcopado de Pamplona y Tudela. Una diócesis en la que llevo un año y casi tres meses, y la que considero ya mi casa, por la acogida de sacerdotes, vida consagrada, laicos y sociedad navarra. ¡Me siento en casa!

He tenido la suerte -la fortuna, dirían otros-, de estar en varias ocasiones con Francisco. Antes de ser arzobispo y después de mi nombramiento. La primera vez tuve la dicha de concelebrar la eucaristía en Cagliari (Cerdeña) (22-9-13); posteriormente concelebré en Roma, en el Jubileo de los presos (6-11-16), fui a Roma con 25 presos de España. Luego tuve varios encuentros personales con Francisco: una como director del Departamento de Pastoral Penitenciaria de la Conferencia Episcopal Española (6-11-19); otra como mercedario en un Capítulo General en Roma (6-5-22) y tres más como arzobispo de Pamplona-Tudela: en la recepción del palio de arzobispo (29-6-24), en el curso de obispos nuevos en Roma (19-9-24) y la visita con el seminario de Pamplona (16-11-24). ¡Siempre fue el mismo Francisco!, con su sentido del humor y su visión positiva de la Iglesia y del mundo. Su espontaneidad y cordialidad ha conquistado el corazón de todos, creyentes y no creyentes. Es el espíritu de una Iglesia abierta a todos.

En el día de hoy, en que ha fallecido, muchos medios de comunicación han llamado a mi puerta para preguntarme sobre el papa Francisco, y también su legado, o como decía un medio, “qué nos ha dejado el papa Francisco”. Y me he atrevido a enumerar lo que Francisco ha regalado a la Iglesia:

1.- Francisco nos ha traído la alegría de ser cristiano. Con su exhortación Evangelii Gaudium, nos devolvió el orgullo de ser cristianos. Nos hizo sentirnos felices por nuestra fe. Francisco nos ha cambiado la cara de Cuaresma, que decía teníamos los cristianos, por cara de Pascua, de alegría, de Resurrección.

2.- Francisco nos ha animado a salir de nuestros grupos y templos, a construir una iglesia en salida, una iglesia misionera.. El papa Francisco ha repetido: “La Iglesia es en salida o no es Iglesia, y está “llamada a ser siempre la casa abierta del Padre”. (Catequesis 23-10-19). No hay iglesia de puertas cerradas en la que no puedan entrar ni salir.

3.- Su primer viaje fue la defensa de los inmigrantes y su derecho a emigrar para buscar un futuro mejor. En su visita a la isla de Lampedusa, el 8 de julio del 2013, denunció las políticas migratorias de Europa. En Lampedusa dijo: “La muerte de inocentes, principalmente niños, en busca de una existencia más serena, lejos de las guerras y la violencia, es un grito doloroso y ensordecedor que no puede dejarnos indiferentes”. Quiso despertar conciencias.

4.- Francisco siempre ha mostrado una sensibilidad especial con los presos. Durante su pontificado ha visitado 23 prisiones del mundo donde ha lavado los pies, ha abrazado, ha besado, ha comido con presos/as, Cada vez que Francisco entra en una cárcel, se hace siempre las mismas preguntas: ¿Por qué están ellos presos y no yo? ¿Tengo más mérito que ellos para no estar allí? ¿Por qué ellos han caído y yo no? En una reunión de obispos nos dijo: “Vayan a las prisiones. Busquen tiempo para visitar a los presos”.

5.- Ha puesto en valor la casa común de todos, para que la cuidemos y la protejamos. La publicación de la encíclica “Laudato Si” (18 junio 2015) Ha defendido la tierra como “el gran recurso que Dios nos ha dado y que está a nuestra disposición para no ser desfigurado, explotado o degradado, sino para que, disfrutando de su inmensa belleza, podamos vivir con dignidad”.

6.- Destacar la decisión de abordar de frente la lacra de los abusos en la Iglesia. El papa Francisco ha sido valiente a la hora de denunciar los abusos a menores y vulnerables dentro de la Iglesia y también en las medidas que ha ido adoptando, especialmente con las víctimas y los victimarios. Francisco va por delante y es ejemplo para obispos y religiosos para tomar medidas en un tema tan espinoso como son los abusos sexuales en el seno de la Iglesia.

7.- Valoro el sueño del papa Francisco en convertir a la humanidad en una gran familia, en buscar la “amistad social”, en el respeto al diferente, a partir de la encíclica Fratelli Tutti. Para caminar hacia la fraternidad universal es necesario el reconocimiento de la dignidad de cada persona. El domingo de Pascua en la bendición Urbi et Orbi, abogó por la paz en escenarios de guerra. Francisco murió pidiendo paz.

Dos viajes, entre inmigrantes y entre presos, y todo un mundo en el medio. Dos viajes, el primero a la isla de Lampedusa y el último a la cárcel de Regina Coeli. Toda una vida de entrega. Dos viajes a la isla “cementerio de Europa” y el último viaje a la cárcel, este ya sin billete de vuelta. Inmigrantes y presos, los preferidos de Francisco. ¡Descansa en paz, papa Francisco! Ahora nos toca pedir que el Espíritu Santo ilumine a los cardenales electores para que el Señor nos regale un papa que camine de la mano con la Iglesia que el papa Francisco nos ha dejado. Porque siguen viajes pendientes, siguen inmigrantes y presos que rescatar y liberar. Ahora creen y confían en la Iglesia…y ¡no les podemos fallar! Hay mucha gente que cree que “la esperanza no defrauda” (Rom. 5, 5). 

Florencio Roselló Avellanas O de M . Arzobispo de Pamplona y obispo de Tudela

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