Francisco, el Papa que rompió moldes

Publicado el 22/04/2025 a las 05:00
Acaba de fallecer el papa Francisco, el pontífice que durante doce años estuvo rompiendo moldes. Y es que ya su elección misma, acaecida a mediados de marzo de 2013, tenía mucho de novedoso: era el primer pontífice latinoamericano de la Historia, e igualmente, el primero perteneciente a la Compañía de Jesús en más dos mil años de Historia de la Iglesia. Ciertamente, había razones para que pudiera ser elegido sucesor de Benedicto XVI, como haber sido el más votado en el cónclave anterior (abril de 2005) tras Joseph Ratzinger, pero parecían pesar más razones en contra de su nombramiento, como el hecho de tener una edad avanzada (76 años), pertenecer a un país devastado por la secularización (Argentina) o, como decíamos, su condición de jesuita. Pero lo cierto es que los cardenales electores se inclinaron por él, y su elección fue casi tan rápida como la del dimitido Benedicto XVI, con el que protagonizó un hecho único: dos pontífices vivos y coexistiendo hasta que en diciembre de 2023 falleció el papa Ratzinger.
Lo primero que hizo Francisco fue asegurarse de que no le sucediera como a su antecesor: en otras palabras, que su “mano derecha” o “número dos” (el Secretario de Estado) fuera un hombre con tantas dotes diplomáticas como de mando. Frente a un Tarsicio Bertone que venía de ayudar a Benedicto XVI en la Sagrada Congregación por la Doctrina de la Fe y que dejó la Santa Sede en el más puro desgobierno, Francisco se inclinó por el italiano Pietro Parolin, en ese momento Nuncio en Venezuela y quien conocía a la perfección la Curia romana. Consecuencia: un pontificado perfectamente controlado (sin filtración alguna de información sensible) hasta el último momento. Lo que, por cierto, convierte a Parolin en uno de los candidatos a suceder a Benedicto XVI, si no fuera porque es italiano (tras tres pontífices no italianos) y que acaba de cumplir los setenta años, una edad un tanto elevada para ser pontífice y más después de dos sucesores de San Pedro tan metidos en años en el momento de ser elegidos.
A partir de ahí, quien fuera durante tres lustros Cardenal-Arzobispo de Buenos Aires dejó claro cuáles iban a ser los principales rasgos de su pontificado. El primero de todo, mostrarse como una persona cercana y hasta con mucho sentido del humor, lo que le hizo ganarse rápidamente simpatías no sólo dentro del mundo católico, sino también fuera de él. El segundo de ellos, continuar con la lucha contra la pederastia iniciada por Benedicto XVI, consciente de que en ello iba el prestigio de la Iglesia Católica. Y el tercero, renovar al máximo el Colegio Cardenalicio: salvo en 2021, celebró cada año un consistorio del que saliera un buen número de nuevos purpurados. Con una idea de fondo muy clara: luchar contra el llamado “carrierismo”, esto es, no elegir cardenales a los titulares de sedes episcopales que tradicionalmente recibían la “púrpura cardenalicia”, sino a aquellos que hubieran destacado por su labor pastoral y por su desapego al poder. Pero es que, además, Francisco quería una Iglesia auténticamente “católica” (que significa “universal” en griego clásico): los nuevos cardenales debían venir de todos los rincones del mundo, fortaleciendo de manera muy sensible dos continentes tradicionalmente débiles dentro de la Iglesia (África y Asia) e incluso llegando a nombrar purpurados de Oceanía, un continente que no sabía lo que era tener cardenales. No podemos soslayar otro elemento que llamó poderosamente la atención: fue el primer Papa que no visitó su país de origen (Juan Pablo II estuvo en Polonia en 1979 y Benedicto XVI en Alemania ya en sus primeros meses como pontífice). Tampoco visitó España y, en cambio, sí estuvo en países tan remotos como, por ejemplo, Singapur o Timor oriental, en nada más y nada menos que 45 viajes durante doce años de pontificado. Ahora, tras haber nombrado más de 130 cardenales, su sucesión es tan difícil de predecir como sorprendente fue, en muchos casos, su manera de actuar. Descanse en paz.
Pablo Martín de Santa Olalla Saludes. Profesor De Derecho Eclesiástico del Estado en la Universidad Camilo José Cela (UCJC)