"Es raro que mi generación no haya salido con más taras"

Actualizado el 19/04/2025 a las 23:35
La primera procesión de Semana Santa de la que guardo memoria fue en Zaragoza. Recuerdo el retumbar funerario de los tambores y verme de repente frente a un mozorro con capirote y cirio recio que para mí, desde una altura de cinco o seis años, fue como ver al Yeti. Sin embargo, no sufro trauma a causa de aquel encuentro sobrenatural. Mucho más espantable resulta ver hoy en Youtube a Josep “Pepe” Riu i Lasserre, conocido como Charlie Rivel, payaso aullador con silla y guitarra, que protagonizaba un terrorífico anuncio de UNICEF, titulado “Cómo ríen los niños”. ¿Reír? Dan ganas de salir corriendo.
Es raro que mi generación no haya salido con más taras. Debo ser sincero: la estética de las procesiones con sus coágulos, laceraciones, lágrimas de angustia y luto, no me conmueve. Como no podía ser de otra manera, respeto a quienes participan en ellas. “A mal Cristo, mucha sangre”, decía Unamuno en referencia a las tallas sin valor artístico del Cristo crucificado. Es un principio estético aplicable a cualquier expresión humana. Mi particular rito en estos días consiste en ir a escuchar La Pasión según San Mateo de Johann Sebastian Bach al Auditorio Nacional, costumbre que mi hermano y yo mantenemos hace años. En esta ocasión, la asombrosa interpretación vino de la mano de la Orquesta Barroca de Friburgo. Una versión nada romantizada, pero cálida, en perfecto ensamblaje entre el coro de setenta y cinco voces y las dos orquestas. Tenor, barítono, soprano y contralto, perfectos.
Después de tres horas de purificación musical, salimos mejores, con el alma henchida. Hay obras que nos elevan por encima de nuestros límites. La composición de Bach es un despliegue de ternura, recogimiento, esplendor y talento oceánico. Conmueve a una piedra. Resulta increíble que semejante belleza la haya concebido un ser humano. Sé que no descubro nada nuevo. La obra quedó en el olvido hasta que cien años después Mendelssohn la rescató. La resucitó, diríamos hoy, para nuestra alegría.