Crecer menos que los demás es una manera de quedarse atrás

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Miguel Sanz

Publicado el 11/04/2025 a las 05:00

La economía en Navarra creció en 2024 el 2,7 %, y en España el crecimiento se ha situado en el 3,2. Este dato no tendría mayor relevancia si la referencia se circunscribiese a un solo año, pero se da la circunstancia que en 2023 ocurrió algo similar: el crecimiento en España fue del 2,7 %, y en Navarra el 1,9 % (0,8 % menos). Y si la estadística la situamos en 2022, el crecimiento del PIB respecto a 2021 en España se cifró en el 6,2 %, y en Navarra fue del 4,3% (casi 2 puntos menos). Siguiendo con algunos datos más, citaremos el déficit de empresas que se fueron de Navarra respecto a las que vinieron (-88), y el saldo de ventas de las empresas que se trasladaron a otras comunidades fue de -671 millones de €, el peor dato en 10 años. En definitiva, crecemos, pero cada año que pasa Navarra es menos competitiva, menos atractiva para invertir y año tras año pierde posiciones respecto a otros territorios. Nos dicen que la economía va como un tiro, pero la cesta de la compra cuesta llenarla cada día más, los servicios públicos se deterioran y el acceso a la vivienda por parte de los jóvenes y menos jóvenes se hace imposible pues ni se ofrecen viviendas en alquiler o venta ni estos tienen capacidad económica para acceder a ellas.

Sin ningún alarmismo, constatamos lo que este Diario resaltaba recientemente: “La pobreza crece en Navarra y el riesgo de exclusión social arroja una imagen inquietante”, pues Navarra es la Comunidad que más ha aumentado la exclusión social en los últimos diez años. En muchos aspectos vivimos de las rentas del pasado, y ya sabemos aquello: “quita y no pon, se acaba el montón”.

Las contradicciones se acumulan en la gestión de un Gobierno que integra en su propia constitución una carga insoportable por la complejidad de poner de acuerdo ideologías tan contrapuestas y objetivos tan distintos. Ahí queda el No a la OTAN de sus socios y el necesario, a la vez que silenciado, “rearme” que nos demanda Europa ante los graves desafíos a los que hacer frente.

Solo la cesión de espacios políticos al entorno nacionalista hace posible la continuidad de un Gobierno que poco a poco debilita la institucionalidad de la Navarra Foral y española, legitimando a la izquierda radical política y sindical abertzale, que sigue sin condenar a ETA. La entrada de Bildu en la Moncloa para hablar, nada más y nada menos, que de la defensa y seguridad del Estado que tan terroríficamente combatieron sus antecesores (símbolo del blanqueamiento y la desvergüenza) y la exposición en el atrio del Parlamento navarro del Sindicato LAB, para agravio de las víctimas del terrorismo, son claros ejemplos que permiten conocer quiénes son los que determinan las acciones más relevantes de la política española y navarra. Esta política de controversias, contrastes e incongruencias, que resucita a los muertos de hace cincuenta años para buscar la revancha y se olvida de las víctimas más próximas del terrorismo de ETA para mantener el poder, parece tener para algunos una caducidad que muchos otros no vemos próxima, si bien es cierto que en democracia, la alternancia, que solo se logra con votos, llegará tarde o temprano.

Mientras tanto echaremos en falta la escasa reacción vital que se observa en los ciudadanos, preferentemente jóvenes, ante los acontecimientos, a veces desmanes, que vienen ocurriendo en España y por ende, en Navarra. Las preguntas que nos hacemos muchos son: ¿Escuece a los votantes socialistas que el Ayuntamiento de Pamplona se entregase a Bildu, coalición que aún hoy sigue sin condenar el asesinato del concejal de UPN Tomás Caballero? ¿La voracidad fiscal de nuestro Gobierno moverá alguna fibra-voto en las próximas elecciones? ¿Despertará alguna alteración en la vida de los navarros pagar más impuestos que nuestros vecinos? ¿Se pueden aunar sensibilidades con los herederos políticos de ETA como reafirma la ponencia marco de los socialistas navarros? La respuesta a estos interrogantes la ha dado el indescriptible portavoz de los socialistas navarros, de cuyo nombre no quiero acordarme, confirmando una vez más “la apuesta irreversible desde el PSN de liderar la mayoría social de progreso”, es decir Bildu y más Bildu, y así hasta dejar a Navarra en manos de quienes quieren convertirla en una provincia o herrialde de Euskalherria. 

En las elecciones de Alemania, el batacazo de los socialistas ha sido descomunal. La CDU (centro derecha) casi ha doblado en escaños al SPD (Izquierda socialista) y la ultraderecha (AFD) le ha sacado 32 escaños de ventaja, relegándoles al 3º puesto. Los movimientos posteriores a estos resultados han permitido en algunos medios nacionales titulares como este: “El SPD retrata a Sánchez” o este otro: “La socialdemocracia germana, a diferencia del “sanchismo español”, está por encima del interés político personal y se ofrece a colaborar con quién ha ganado las elecciones”. Estos resultados deberían hacérselo mirar a PSN-PSOE, que tras perder las elecciones, lejos de buscar la colaboración con quienes las habían ganado, PP en España y UPN en Navarra, buscaron el poder con pactos y acuerdos con prófugos, separatistas herederos políticos de ETA, independentistas y populistas de ultraizquierda. “De aquellos barros, estos lodos”, y de esos acuerdos, esta política errática que nos lleva a la irrelevancia.

La confianza de la gente en sus gobernantes ha disminuido de manera alarmante. Los ratios de eficiencia no dejan bien parado a un Gobierno que con más impuestos, mayor recaudación y más fondos europeos que nunca, ya veremos que pasa con los “aranceles Trump”, han dejado al descubierto la gestión de un Ejecutivo más preocupado por mantenerse en el poder que gobernar con eficiencia, control y calidad regulatoria, como apunta el Banco Mundial en sus indicadores de Gobernanza publicados y referidos a 2024 y a España en general.

Navarra, a mi juicio, padece una crisis de identidad y si no cambiamos pronto el rumbo, el riesgo será el total quebranto de los vínculos con nuestro Régimen Foral, con la España constitucional y con nuestro destino como pueblo navarro, español y europeo.

Miguel Sanz Sesma. Expresidente del Gobierno de Navarra

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