¡Vaya con los aranceles!
"¿Quién gana? ¿Quién pierde? ¿Qué se pretende con ello? ¿Existen consecuencias no deseadas? Toca analizar el asunto"

Publicado el 06/04/2025 a las 05:00
Definitivamente ha estallado la denominada “guerra comercial”. ¿Quién gana? ¿Quién pierde? ¿Qué se pretende con ello? ¿Existen consecuencias no deseadas? Toca analizar el asunto. Para comprender un problema en primer lugar debemos definirlo. De la misma forma que el IVA (impuesto del valor añadido) lo pagamos por la mayor parte de las compras que realizamos, un arancel es un impuesto a los productos que se compran de otros países. Veamos la idea con un ejemplo numérico sencillo.
Supongamos que Estados Unidos es una economía cerrada. En este caso, la cantidad de coches comprados y vendidos junto con su precio vendría dada por la ley de la oferta y la demanda. Imaginemos que se intercambian al año 40 millones de coches a un precio de 20.000 dólares cada uno. Si el país se abre al comercio internacional, el hecho de que exporte (venda a otros países) coches o los importe (los compra del extranjero) depende de si es competitivo fabricándolos. A su vez, la competitividad depende de factores como la dotación de capital, la tecnología o el salario de sus trabajadores. Continuemos con las suposiciones. Los números en sí mismos no son relevantes, se usan simplemente para describir el concepto de una forma más clara.
Podría ocurrir que el precio internacional fuese de 10.000 dólares el automóvil. A ese precio, las empresas del país están dispuestas a producir tan sólo 25 millones de coches y los consumidores, que están encantados, a comprar 55 millones. En consecuencia, se importaría la diferencia: 30 millones de coches. Los empresarios no estarán muy contentos: su recaudación se ha desplomado. En este caso, el Gobierno está preocupado por el desplome de la producción nacional y decide establecer un arancel de 2.000 dólares (un 20%). Ahora el precio del coche está a 12.000 dólares. Aumentaría entonces la oferta nacional: pongamos 30 millones de coches. Disminuiría la demanda: quizás 50 millones. La importación quedaría en 20 millones de unidades.
Los 12.000 dólares que cuesta un coche se usan de diferente forma. Si es de fabricación nacional, todo el dinero va al productor. Si se ha fabricado en otro país, 2.000 dólares van a los bolsillos del Gobierno y 10.000 al vendedor extranjero. Recaudación en aranceles: se multiplica el impuesto (2.000 dólares) por los coches importados (20 millones). Total, 40.000 millones de dólares. La recaudación del productor extranjero por coche vendido es la misma, 10.000 dólares (que se intercambian en el mercado FOREX por la moneda correspondiente al país vendedor). La cosa ha empeorado: se han vendido 10 millones de coches menos. Es fundamental comprender que un arancel del 20% no implica una bajada en la cantidad vendida en la misma proporción: el efecto suele ser mayor. En nuestro caso, un 33% menos.
Resultado: ganan el productor y el Gobierno norteamericano. Pierde el consumidor nacional y el vendedor extranjero. Haciendo números, los costes para las familias residentes son mayores que los beneficios de las empresas productoras y Hacienda Pública. Además, a nivel global la economía es menos eficiente.
Entonces, ¿a qué viene toda esta batalla? ¿Por qué Trump se ha metido en este fregado? Hay tres posibilidades. Uno, adquirir una posición de fuerza para negociaciones futuras. Dos, ideología. “América primero”. Tiene algo de lógica si se pretende reducir así el déficit comercial. Pero cuidado; a veces estas medidas nos llevan al efecto contrario si otros países toman represalias. Tres, beneficiar a empresarios “amigos”. Algunos grupos de presión o “lobbys” acostumbran a tener demasiada influencia llegando a perjudicar al bien común a cambio de ganancias particulares.
Todavía hay más efectos. Los aranceles harán que los norteamericanos demanden menos moneda extranjera, por ejemplo euros. Normal: no los necesitan para comprar algo que van a adquirir dentro de su territorio. Dicha bajada conlleva una devaluación del euro o lo que es lo mismo, una apreciación del dólar. El mecanismo es semejante a cualquier otro mercado: si baja la demanda de patinetes, su precio es menor. La apreciación del dólar perjudica al exportador norteamericano, ya que para el comprador europeo el dólar es más caro. Si por 1.000 euros antes le daban 900 dólares puede que ahora sólo le den 850. La conclusión es obvia: las importaciones europeas de producto americano disminuyen. En sentido contrario, las exportaciones europeas podrían aumentar un poco…y quizás los aranceles vuelvan a aumentar para evitarlo, entrando así en una espiral diabólica que no lleva a nada bueno.
Duda final: entonces, ¿cuándo son buenos los aranceles? Se aplican en las denominadas políticas proteccionistas, que tienen varios objetivos posibles: defender la industria nacional, proteger empresas incipientes que se están abriendo un mercado nuevo o evitar depender totalmente de países extranjeros en las áreas de la economía que proporcionan mayor valor añadido. No parece que ninguna de esas razones sea convincente. Sin embargo, el ser humano es así. Tiene razones que la razón no entiende.
Javier Otazu Ojer. Economía de la Conducta. UNED de Tudela.