Arancel, un bumerán peligroso
La guerra comercial de Donald Trump amenaza con penalizar los mercados, empezando por el bolsillo del propio consumidor de Estados Unidos

Publicado el 06/03/2025 a las 05:00
Donald Trump ha entrado en el mundo comercial como un elefante en una cacharrería. Por la guerra abierta con quienes eran aliados históricos de Estados Unidos. Y, sobre todo, por el destrozo en los mercados internacionales, especialmente en los consumidores de su país.
La imposición de aranceles a Canadá y México revienta décadas de prósperos intercambios. Lejos de hincar la rodilla, esos mismos socios del tratado de libre comercio contraatacan con gravámenes a las importaciones estadounidenses. Será “una lucha implacable”, en palabras del primer ministro canadiense, Justin Trudeau, para evitar la “anexión” y el “colapso” de su economía.
De esta escalada de hostilidades, promovida con la falsa excusa de frenar la inmigración ilegal y el tráfico de fentanilo, no se libra China, que ha plantado cara, ni Europa, para quien Trump ha puesto fecha a los recargos: 2 de abril.
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Tampoco Groenlandia, un isla ‘vecina’ con codiciadas materias primas que celebrará próximamente elecciones, ni el canal de Panamá, donde el presidente de EE UU quiere el mando.
El problema para Trump es que la batalla puede volverse en su contra como un bumerán. El punto de inflexión será cuando la economía de Estados Unidos sufra el impacto de esta política de proteccionismo extremo, salpicada de contradicciones. Ya han aflorado las primeras señales en los principales índices bursátiles de Wall Street, que se han resentido.
Una guerra arancelaria a gran escala afecta a las principales cadenas de suministro y tránsito de mercancías. Genera incertidumbres y rebajas de ingresos y de los márgenes de beneficio. Si la economía de EE UU se desmorona, agravada por los recortes en el sector público, lo siguiente es la temida inflación, reflejada en un encarecimiento del carro de la compra.
Es decir, que parte de las consecuencias de la batalla la pagaría el bolsillo de los consumidores de su país. Precisamente, esa fue la baza que jugó Trump para desgastar a los demócratas y volver a la Casa Blanca.