"¿Dónde están los otros americanos, los dispuestos a escuchar, los herederos intelectuales de quienes desembarcaron en Normandía?"

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Jose Murugarren

Actualizado el 03/03/2025 a las 23:46

¿De qué sirve la ilustración, el razonamiento, la cortesía…, para qué el diálogo, la solidaridad, la libertad de los pueblos o el respeto de las formas si quien rompe las reglas de comportamiento sigue las de Atila? 

¿Dónde quedan Platón y Aristóteles, Sócrates…, a qué lugar se marchó la argumentación, el buen juicio, el respeto por el otro, a quién le importa Calderón de la Barca, a quién que la vida sea “una ilusión, una sombra, una ficción”, en qué estantería colgaremos el Hamlet de Shakespeare, a quién leer que la cuestión es “ser o no ser” con quién dudar ”si es más noble para el alma soportar las flechas y pedradas de la áspera Fortuna o armarse contra un mar de adversidades y darles fin en el encuentro”. 

¿Cuánto vale el ‘pienso luego existo’ de Descartes si se insulta y se impide el análisis del invitado. ¿Para qué expresar ideas si el interlocutor exige a voces sometimiento? ¿Dónde queda la dignidad cuando el anfitrión pretende reducir al invitado al vasallaje con su altanería? 

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¿A quién importarán las formas si imperan los improperios, los golpes en el pecho y blandir de motosierra frente al adversario? ¿Cómo cerrar la herida abierta si el gran aliado decide coquetear con el enemigo? ¿Cómo entender que Estados Unidos abandone a Ucrania y escenifique sus discrepancias con un choque abrupto televisado?

 ¿Cómo recuperar el tiempo en el que los problemas se dirimían en privado y se ofrecían en público las soluciones? ¿Cómo ser amable con quien vocifera sabiendo que su concurso es imprescindible para seguir siendo Europa y que Ucrania tenga alguna posibilidad? 

¿Tiene castigo traicionar la hospitalidad? ¿Qué pasa cuando la reina de las abejas decide romper su propia colmena? ¿Dónde están los otros americanos, los dispuestos a escuchar, los herederos intelectuales de quienes desembarcaron en Normandía, los discretos, los lectores de Hemingway y Salinger que combatieron en la segunda Gran Guerra, los admiradores de Chartlon Heston o Audrey Hepburn comprometidos con los aliados y la resistencia? ¿Dónde los leales, los que no hacen ruido, los tímidos, los que conocen la historia? ¿Donde están los americanos que tiemblan de vergüenza?

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