Felicidad

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Javier Otazu

Publicado el 01/03/2025 a las 05:00

Supongamos que nos ofrecen una “pastilla mágica” que nos promete ser felices las 24 horas del día. ¿La tomaríamos? Claro que no. ¿Quién desea estar colocado durante todo el día? Aquí está el tema de las drogas. Además de los efectos negativos conocidos, tienen otro adicional: cada vez se necesitan más dosis para mantener el mismo estímulo interno. Es obvio que en nuestra búsqueda de la felicidad que se plantea en este artículo esa opción iba a ser descartada. Vamos a por otras.

Daniel H. Pink es un divulgador que busca y explora temas poco comunes como muestra su obra El poder del arrepentimiento. Aquí vienen tres de los más comunes. No se trata de coger las frases al pie de la letra. La clave es captar el patrón oculto de cada caso. “Desearía no haberme preocupado tanto sobre lo que piensan los demás. Todavía lucho contra eso” (Hombre de 33 años, Japón). 

“Me arrepiento de haberme avergonzado de ser mexicana. Daba el pego (soy de piel clara), así que mucha gente no sabía que lo era hasta que conoció a mi familia (de piel más oscura). Ahora acepto mi raza y mi herencia. Sólo me avergüenza no haberlo hecho antes” (Mujer de 50 años, California). 

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“Lo que más lamento de mis cincuenta y dos años de vida es haberlos vivido con miedo. He tenido miedo de fracasar y parecer tonto, y por eso he dejado de hacer muchas cosas que me gustaría haber hecho” (Hombre de Sudáfrica). 

El Dalai Lama lo comenta de otra forma: “No entiendo al hombre; pierde su salud para ganar dinero, después pierde dinero para recuperar su salud. Por pensar ansiosamente en el futuro, no disfruta el presente. Por lo que no vive ni el presente ni el futuro. Y vive como si no tuviese que morir nunca…Y muere como si nunca hubiera vivido”. 

Esto nos lleva a nuestro siguiente protagonista: Mihaly Csíkszentmihályi. Es un psicólogo que ha desarrollado una teoría denominada Fluir. En ella, se muestra cómo la felicidad de las personas aumenta cuando se encuentran en estado de flujo. Eso supone estar completamente concentrados en las actividades que realizamos, teniendo en cuenta además que deben estar equilibradas con nuestras capacidades y competencias.

Si lo que vamos a realizar es muy fácil o repetitivo, nos aburrimos. Si es complicado y no lo logramos, tenemos ansiedad, nos frustramos y nos estresamos. 

Para alcanzar este nivel debemos hacer un esfuerzo para controlar los pensamientos intrusivos. No es poca cosa: las últimas estimaciones muestran que aproximadamente la mitad del tiempo de vigilia no estamos a lo que estamos; es decir, estamos “pensando en musarañas”. 

Algunos autores afirman que el intervalo de atención promedio ha bajado de doce segundos a ocho segundos, inferior al del pez. Admitimos que referenciar al simpático animalito no deja de ser un poco de marketing, pero la afirmación es real. También toca otro esfuerzo para no estar impacientes por terminar y consultar así una vez más el móvil. Hay que tomárselo en serio: está demostrado que hacemos lo fácil, no lo que nos hace felices.

Robert Waldinger ha seguido miles de personas durante años para deducir cuáles son los determinantes de la felicidad. Destacan la sensación de libertad y el sentido de unión o comunidad. Escoger los amigos y escogerlos bien es fundamental para nuestra felicidad. En caso contrario, autoras como Alba Cardalda o Faith G. Harper aportan ideas en “Cómo mandar a la mierda de forma educada” o “Respeta mis p. límites”.

Presentamos a Laura Nash y Howard Stevenson, autores de Just Enough (Suficiente). En sus investigaciones descubrieron que eran necesarios varios criterios para evaluar la situación vital de las personas. Nosotros usamos lo más fácil: el dinero. Ellos adoptaron cuatro métricas fundamentales. Uno, la felicidad como satisfacción vital (disfrutar). Dos, logro como resultado comparativo con otras personas que han buscado el mismo objetivo (ganar). Tres, significado como tener impacto positivo en las personas que nos rodean (contar para los demás). Cuatro, legado como ayuda para que otros alcancen su éxito en el futuro (extender).

Nuestro viaje nos lleva a Okinawa, Japón. Es considerada una “zona azul”, es decir, una región con una gran longevidad. En ella trabajan el “Ikigai” o propósito personal, consistente en que nuestra vida profesional cumpla cuatro condiciones: nos debe gustar, debemos ser buenos en ello, el mundo lo necesita y además nos pagan por ello. De las opciones que recomiendan para vivir más y mejor, tenemos algunas evidentes como ser activos. Sin embargo, hay otras que merece la pena remarcar ya que el sistema económico y social en el que vivimos nos lleva en sentido contrario. Se trata de tomarnos las cosas con calma, sonreír, reconectar con la naturaleza o dar las gracias.

Terminamos en la antigua Grecia. Para ellos era más importante gestionarnos a nosotros mismos que gestionar los recursos externos. Así debería ser siempre.

Javier Otazu Ojer. Economía de la Conducta. UNED de Tudela.

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