Cartas de los lectores
Civivox San Jorge: el infierno está arriba


Actualizado el 22/02/2025 a las 08:01
Soy una alumna del curso de guitarra flamenca del civivox San Jorge. Acudo todos los jueves a las siete de la tarde al aula, sita en el tercer piso del edificio que el consistorio posee en la calle del doctor Gortari. En la planta baja no se siente pero cuando subimos al tercero detectamos un calor de calefacción bastante fuerte. Conforma avanza la clase voy observando las caras de cansancio del resto de alumnos, cada vez más acalorados y despistados. Alguno intenta sin éxito regular el termostato que no obedece a ninguna de las pulsaciones tanteadasl. Alguien resopla, “uffff…. qué calorazo”. “¿No se puede abrir alguna ventana?”, pregunto yo. Miramos alrededor y no hay ventanas, ni siquiera algún ventanuco alto que nos permita una última oportunidad de respiro. Sin embargo es un edificio muy moderno, con su climatización incluída, y no hay que hacer nada porque se regula solo, está todo controlado.
Un compañero desesperado sale al baño a beber y se queda por el pasillo sin querer entrar a la “sauna” tan pronto, aún no se ha recuperado. El profesor pide perdón y sale para rellenar su botella y mojarse la cabeza en el lavabo; veo su cara de frustración, pues aún le queda otra clase cuando termine con este grupo en el misma aula del tercer piso. Observo que un chico joven vuelve también del baño con una prenda doblada, pienso que se habrá quitado una camiseta interior que seguro que se había convertido en una insoportable incomodidad. Una chica dice que se le está poniendo un dolor de cabeza fuerte y que no sabe si aguantará las dos clases hoy.
Cada uno con nuestros recursos, intentamos aliviar el desasosiego. Ya no tenemos ganas de tocar la guitarra ni de cantar. Hablamos sobre cuánto supondrá en euros el derroche energético de este descontrol. Y de contaminación ambiental. y también hablamos sobre respeto y civismo, pues nos parece que si no se puede dar clase por el incontenible chorro de aire caliente nos lo deberían comunicar. El problema entonces adquiere otra profundidad y nos sentimos también vejados como ciudadanos invisibles que reciben el peor de los castigos: el silencio, como si el problemano existiera .
Decido bajar a pedir hojas de reclamación a recepción. Los trabajadores que allí se encuentran me muestran su impotencia mientras recogen con desengaño las quejas (unas orales y otras escritas) de los usuarios. Me comunican que el personal de mantenimiento que envía en ayuntamiento entra al cuarto de calderas pero al salir no aclaran nada, no se sabe si hay o no algo arreglado o cambiado. Sin embargo, este jueves hace más calor que nunca. Si subís ya sabéis lo que os vais a encontrar. Cuidado, porque el infierno y las calderas de Botero ahora están arriba, en el tercer piso.
Ángela Oslé Muñoz, alumna de guitarra flamenca del Civivox San Jorge, en representación de su grupo.