Europa necesita una paz justa en Ucrania
La política de Trump para Ucrania obliga a la UE a actuar y asumir que EEUU no siempre será aliado; saca a Putin del ostracismo en su momento más débil y legitima el ataque al derecho internacional

Publicado el 14/02/2025 a las 05:00
Nadie con un mínimo de humanidad desea perpetuar un guerra. Menos aún si es tan sangrienta, injusta y dolorosa como la desatada por Putin con su invasión a Ucrania. Un conflicto que cumple tres años y que ha dejado millones de muertos y desplazados en Europa.
Sin embargo, el movimiento iniciado por Trump hacia conversaciones de paz, tal y como él la plantea, ni es, ni debería ser una buena noticia. Ni para la Unión Europea ni para el país agredido. Pues en esa llamada de la Casa Blanca al Kremlin se intuye una intención de EEUU de abandonar a Ucrania a su suerte.
Trump, que no oculta su admiración por Putin, un criminal reconocido por la Corte Penal Internacional, muestra todas sus cartas al legitimar al invasor, comprar su anexiones por la fuerza, abandonar la ayuda al legítimo gobierno de Zelenski y negarle su entrada en la OTAN, el único paraguas real bajo el que Ucrania podría garantizarse un futuro sin nuevas agresiones de su vecino.
En su mesa de negociaciones, Trump deja a la víctima como actor secundario, ningunea a Europa y libera a un Putin en su momento más bajo. Porque que nadie se engañe. El relato de que Rusia avanza y la derrota de Ucrania es inevitable no pasa de propaganda desmontable si se analiza el contexto.
El que fuera 2º mayor ejército del mundo está exhausto. Ha lanzado contra Ucrania todo lo que tiene y lo que le han dado Irán y Corea del Norte, vaciando sus arsenales y desangrando a sus hombres, sin poder doblegar al pueblo ucraniano. El que iba a tomar Kiev en 3 días lleva 3 años cediendo territorio (en 2022 controlaba el 27%, hoy, el 18%) y es incapaz de echar al enemigo de su propio país. No olvidemos que Ucrania ocupa desde hace meses un área en suelo ruso del tamaño de Pamplona y Comarca. Y los informes independientes estiman que la economía rusa, absolutamente dopada, no podría soportar otro año de guerra.
Por eso Putin habla hoy de paz. Que Trump le siga el juego sólo se explica en su afán por obtener réditos económicos y debilitar a una Europa a la que ya no ve como aliada. Lo avisó con su guerra arancelaria. Es hora pues de que la UE se alce, asuma su seguridad y no deje en la estacada a Ucrania, el único freno actual al imperialismo ruso. Porque una paz cerrada en falso es un cheque en blanco a Putin para que se rearme y doble la amenaza.
La OTAN considera que en tres años Rusia estaría en condiciones de atacar los países bálticos. Y ellos, como Polonia, lo ven claro, de ahí su esfuerzo por duplicar su inversión militar. En 1938 Europa miró hacia otro lado en Múnich y dio alas a Hitler. En 2025, en el mismo lugar, no debe repetir el error, sobre todo cuando, al otro lado del Atlántico, el antiguo amigo ya afirma que no va a ayudar.