Reindustrialización y sindicatos

Publicado el 11/02/2025 a las 05:00
El pasado viernes pude leer en este periódico un artículo sobre las reflexiones de los sindicatos mayoritarios en Navarra sobre la situación y perspectivas de la industria en Navarra. La conclusión a la que llegaban es que se está destruyendo nuestro tejido industrial y a un ritmo elevado.
Estoy de acuerdo con el diagnóstico, pero no con las soluciones propuestas. Todas las centrales están de acuerdo en que es necesaria una reacción institucional. No cabe duda de que sí, pero solo eso no será suficiente. Las centrales tienen que coger el toro por los cuernos, asumir su papel de protagonistas en el proceso y también ellas reaccionar de una manera disruptiva antes de que sea demasiado tarde. Desde mi experiencia de muchos años en el mundo industrial navarro dentro del entorno de las multinacionales, donde he tenido que lidiar con situaciones muy comprometidas, pero que finalmente se resolvieron muy positivamente, me permito sugerir un plan de acción conjunto que, desde mi punto de vista, podría revertir la situación actual antes de caer en el precipicio.
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El plan de acción debería tener como objetivo, parafraseando a uno de nuestro próceres, la “amabilización” del sector industrial ya que Navarra se ha convertido en territorio hostil para nuevos proyectos de inversión.
Este objetivo solo se podría conseguir desde la reflexión conjunta de instituciones y centrales sindicales y la implementación de acciones que hagan que nuestra comunidad vuelva a ser atractiva para las empresas industriales. Debemos asumir que las empresas, se quedarán o vendrán, si y solo si las expectativas de negocio son mejores que en las comunidades vecinas.
Por el lado de las centrales, se debería analizar cuáles son las condiciones de los convenios colectivos navarros en comparación con los de las comunidades vecinas. No hay duda de que a lo largo de los años se han conseguido acuerdos ventajosos, pero se debería analizar si no nos hemos “pasado de frenada”. Pienso que se debería reflexionar sobre algunas de las condiciones en ellos recogidas y entre otras: jornada anual, actualmente en el entorno de las 1.600 horas (34,7h semanales), salario medio en la comunidad, listado de permisos retribuidos, temperatura en los centros de trabajo…
Además, también deberían analizar el nivel de absentismo, algo en lo que sí estamos en el grupo de cabeza. Tras completar el análisis tendrían que plantearse las siguientes preguntas; ¿En qué situación estamos frente a nuestros vecinos?, ¿Seguimos siendo competitivos?
Por el lado institucional y además de la situación fiscal ya comentada en otros muchos artículos y en la que no voy a insistir, pero que es un punto clave, se debería reflexionar sobre algunos puntos clave.
Nuestra red de infraestructuras sigue siendo muy deficiente: Pamplona es la única capital de provincia de nuestro entorno que no está conectada con Madrid por autovía/autopista, que nuestro aeropuerto oferta muy pocas opciones y que el ferrocarril sigue anclado en el siglo pasado. ¿Cómo revertir esta situación?
Por otro lado, nuestro gobierno se empeña en acciones difícilmente defendibles frente a posibles inversores como permitir la incorporación de asesinos en consejos de administración o de terroristas en los centros educativos. ¿Seguiremos manteniendo esta estrategia?
Además, el empeño en el “solo verde” no deja de poner piedras en el camino a posibles inversiones estratégicas, como ejemplos: la sucesión de despropósitos en la gestión del proyecto de Geoalcali o las continuas trabas a la expansión de Magnesitas Navarras.
También el afán recaudatorio que afecta a las “start up” hace que éstas huyan de Navarra y se domicilien, sobre todo, en el Pais Vasco.
Por último, el plan de captación de inversiones a nivel institucional está perdiendo la batalla frente a Aragón y al País Vasco, como la de Solarig, para la fabricación de bio combustible de aviación (SAF) recientemente adjudicada, (1.115Mio€) que finalmente ha ido a Aragón, o el proyecto Basquevolt en el País Vasco para el desarrollo de baterías de estado sólido. Ambos proyectos implican tecnologías limpias de última generación.
Mientras tanto, Navarra plantea un proyecto de reciclaje de baterías de dudosa rentabilidad y con grandes riegos de contaminación ambiental.
¿Ante esta situación qué sentido tiene una manifestación el próximo 16 de febrero? ¿Contra quién se van a manifestar los sindicatos? ¿Qué se va a solicitar?
Sería mucho más eficaz organizar un grupo de trabajo real en el que se vayan definiendo urgentemente los pasos a dar para conseguir que Navarra, tras un proceso de “amabilización” industrial, vuelva ser una opción atractiva para las empresas que hoy operan en nuestra comunidad y para las que estén decidiendo donde implantarse.
Como resumen, si queremos revertir la situación, deberíamos seguir el consejo de un sabio refrán español : “A Dios rogando y con el mazo dando”.
Juan Córdoba. Ingeniero industrial