Opinión

Algunos apuntes sobre el monumento a los Caídos

"Ninguna ciudad o país puede renunciar a su historia, ni aun a sus episodios más negativos. Por el contrario, debe recordarlos para evitar que se repitan"

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Monumento a Los Caídos
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Jesús María Arlabán

Publicado el 11/02/2025 a las 05:00

A partir del anuncio del Ayuntamiento de Pamplona de “resignificar” el monumento a los Caídos, se vienen publicando valiosas opiniones sobre su futuro, tratando de responder a la pregunta ¿qué hacemos con Los Caídos?

Como es conocido, dicho monumento fue edificado en 1942, con el nombre de “Navarra a sus muertos en la Cruzada”, en memoria de las víctimas del bando franquista en la guerra civil. Del edificio, destaca la imponente cúpula, de 20 metros de diámetro y 33 de altura, posiblemente en su día una de las mayores en edificios no religiosos.

Las innegables cualidades arquitectónicas, urbanísticas e históricas del edificio han sido glosadas por voces más autorizadas que la mía. Sí que puedo apreciar la gran calidad de su construcción, sin duda todos los que intervinieron en la misma, desde los arquitectos hasta el último cantero, fueron unos excelentes profesionales.

En lo que sigue, me voy a limitar a dar unos apuntes sobre tres edificios, que salvando sus grandes diferencias con los Caídos, comparten con éste, además de su carácter histórico, el hecho de que en su existencia atravesaron años oscuros en que, bajo regímenes imperialistas, dictatoriales, no se respetaron ni los derechos humanos ni la vida misma de los considerados enemigos o, simplemente, personas “indeseables”.

Comenzaré por el más próximo, que los que me conocen saben que es uno de mis edificios predilectos de Madrid, y sobre el que he publicado varios artículos en estas mismas páginas. Me refiero al singular e histórico frontón Beti Jai. Constituye un notabilísimo ejemplo de una arquitectura ecléctica característica del último tercio del siglo XIX. Fue concebido como frontón largo y cancha descubierta de 67 m. de longitud por 20 de anchura y tenía una capacidad de 4.000 espectadores. Inaugurado en abril de 1894, estuvo en funcionamiento como tal frontón solamente hasta 1919. Desde entonces acogió usos muy diversos. Si lo traigo aquí a colación es porque durante la Guerra Civil y años posteriores sirvió como comisaría de la policía franquista y cárcel para los considerados enemigos del régimen.

El pasado año 2024, completadas las tareas de declaración como Bien de Interés Cultural, expropiación, proyecto y obras de restauración, fue abierto al público, por lo que el Ayuntamiento dispone de una magnífica e histórica infraestructura polivalente, que puede destinarse a una variedad de usos sociales, culturales, deportivos, etc... como pude comprobar en una reciente visita a Madrid.

Dando ahora un gran salto en el tiempo y en el espacio, nos trasladamos a Roma y, en concreto, a su Coliseo. ¿Quién no conoce y probablemente ha visitado este grandioso e histórico edificio?

Su construcción fue iniciada en el siglo I por el emperador Vespasiano. Es un símbolo de la Roma Imperial y se considera una de las siete maravillas del mundo. Durante muchos años sirvió como escenario para la tortura y ejecución de enemigos vencidos llevados a Roma, y también de muchos cristianos que sufrieron martirio por negarse a adorar a los dioses romanos. De ahí su relación con la Iglesia Católica, de la que el Papa desde hace algunos años preside el Vía Crucis que se desarrolla en los alrededores del Coliseo.

Hoy es uno de los monumentos más visitados y admirados de Roma.

Para el último ejemplo que he seleccionado, como podrían ser otros muchos, volamos con la imaginación a Sudáfrica, país al que pertenece la isla Robben, en la que se ubica la prisión del mismo nombre, de gran valor histórico por haber sido la prisión en la que estuvo preso durante largos años, condenado a prisión perpetua, Nelson Mandela, líder del movimiento contrario al apartheid, régimen en que no se respetaban los derechos humanos ni la vida en muchos casos de la mayoría negra de la población. Fue excarcelado en 1990, tras complejas negociaciones con el entonces Presidente Frederik de Klerk. Mandela se opuso siempre al derribo de la prisión de Robben, porque tuvo claro que debía conservarse para servir de recordatorio a las siguientes generaciones. Más tarde fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco y en la actualidad es visitada por miles de personas a lo largo del año.

Creo que de los ejemplos anteriores se pueden extraer lecciones que nos ayuden a gestionar nuestro Monumento a los Caídos. No me duelen prendas para afirmar que soy contrario a su demolición y partidario de que se conserve en su estado actual, eliminando u ocultando simbología o recuerdos franquistas, para que todos puedan aceptarlo y se dedique a fines culturales y sociales.

Sí me parece interesante la opción de “permeabilizar” el paso desde la plaza de la Libertad, a ser posible conservando las arcadas; en caso contrario habrá que recalzar las cimentaciones colindantes de los tres edificios principales.

Concluyo manifestando que es mi opinión que ninguna ciudad o país puede renunciar a su historia, ni aun a sus episodios más negativos. Por el contrario, debe recordarlos para evitar que se repitan.

Jesús Mª Arlabán. Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos. Ex Presidente del Ateneo Navarro.

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