La amenaza nuclear de Irán

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JOAQUÍN GARRO

Publicado el 04/02/2025 a las 05:00

La muerte en Irak del general Qasem Soleimani, jefe de la fuerza iraní Quds a manos de un dron norteamericano el 3 de enero de 2020 y el atentado del 27 de noviembre del mismo año de Moshen Fakhrizaded principal científico nuclear del programa iraní, fue la gota que colmó el vaso de las malas relaciones entre EE UU e Irán, agravando el suceso del 8 de mayo de 2018, cuando Donald Trump anuncia su retirada del JCPOA (Plan de acción integral conjunto) suscrito el 14 de julio de 2015 por los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU, más Alemania por una parte y de la otra Irán.

Con esta conjunción de actores se firmaría un marco de acuerdo sobre las capacidades nucleares de Irán y que incluía reducir la reserva de uranio poco enriquecido y tratar de resolver uno de los principales problemas de seguridad que afectan a la comunidad internacional: el eventual desarrollo de Irán del arma nuclear.

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El citado documento, en un primer momento, obligaba a Irán a reducir la cantidad de uranio enriquecido al 3,7 % así como el número de centrifugadoras para obtener dicho enriquecimiento. Señalar que, un uranio pobre enriquecido oscila entre el 0,71 al 20% de uranio 235, y que un uranio altamente enriquecido contiene entre el 20 y el 90%. El primero UPE se emplea como combustible en reactores de agua ligera, y el UAE se emplea para fines bélicos y se utiliza en la producción de explosivos nucleares.

Como es sabido, Irán es un país al que la comunidad internacional ha mantenido aislado por muchas razones y no sólo por los efectos propios de su Revolución, sino porque ha mantenido una inequívoca actitud de hostilidad hacia todo lo occidental, amén de llevar a cabo una política de colaboración con determinados grupos armados o terroristas, lo que conllevó que estuviera en el punto de mira de muchos Estados y fuera considerado, junto con Corea del Norte e Irak, uno de los integrantes del eje del mal.

Desde esta perspectiva, es conocido su continuo apoyo económico y militar a grupos calificados como terroristas, Hezbollá o Hamás, y ahora a los Hutíes en el Mar Rojo.

El programa nuclear iraní ha sido fuente de controversia debido a que a lo largo de su desarrollo no ha mostrado la transparencia que se requiere para un programa de características civiles. EE UU e Israel se han opuesto tradicionalmente a este programa colocándolo bajo la sospecha de proliferación nuclear.

La controversia sobre este programa iraní ha llegado hasta nuestros días y ha dado lugar a fuertes desavenencias entre los miembros firmantes de JCPOA en el año 2015, y que como hemos señalado abandona Trump en el año 2018, saliéndose del acuerdo del que la OIEA (Agencia Internacional de la Energía Atómica) confirmaba que Irán estaba cumpliendo escrupulosamente con los compromisos adquiridos en el JCPOA.

No obstante, conviene destacar que la OIEA carece de instrumentos legales apropiados para garantizar con absoluta certeza que Irán no realiza actividades clandestinas.

Irán posee las características necesarias para erigirse en una potencia regional en el Gran Oriente Medio. Existen razones para que quieran acceder a un programa nuclear, tanto civil como militar. El sentimiento de victimismo y aislamiento iraní frente al resto de actores internacionales, unido a amargas experiencias que han mostrado su vulnerabilidad, podría justificar un programa nuclear militar.

A ello hay que unir que la seguridad de Irán, para poder realizar operaciones en el exterior, se la puede proporcionar el armamento nuclear, debido a que es una herramienta de disuasión contra cualquier afrenta a su territorio o a sus intereses vitales.

Irán tiene sus propias minas de uranio en mineral y posee la capacidad de transformar este mineral cambiando su estado químico y enriquecerlo aumentando la cantidad de isótopo U-235 necesario para la realización de una reacción nuclear eficaz.

Ante la situación de incertidumbre, el presidente Joe Biden estuvo tentado de volver al acuerdo nuclear de 2015 y suavizar las sanciones impuestas por su antecesor en la Casa Blanca. El tema no parece fácil, ya que con el regreso de Donald Trump a la presidencia de EE UU resulta ahora una incógnita la postura que vaya a adoptar el nuevo mandatario.

Lo que sí parece claro es que la victoria de Trump en las recientes elecciones puede obligar a Irán a tomar decisiones transcendentales y si esta tensión evoluciona a lo militar y de seguridad, afectaría a la UE que saldría muy perjudicada.

Recientemente, en mayo pasado, Kamal Kharraz, uno de los principales asesores del Líder Supremo de Irán, manifestó que, pese a no tener ninguna decisión de construir una bomba nuclear, si la existencia de Irán se ve amenazada no habrá otra opción que cambiar nuestra doctrina militar.

Según expertos iraníes, enriquecer uranio hasta el 90%, requerido para una bomba, no llevaría en tiempo más de una semana.

Recordar que la estrategia de las armas nucleares se basa en la doctrina del contravalor y de la contrafuerza, donde la disuasión nuclear es un fenómeno psicológico y defensivo basado en la existencia de armas nucleares y que descansa sobre las apreciaciones subjetivas de las intenciones.

Citar a Albert Einstein cuando dijo : “El hombre inventó la bomba atómica, pero ningún ratón en el mundo construiría una trampa para ratones”.

Joaquín Garro Domeño. Doctor en Seguridad Internacional

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