Conmemoración del Holocausto

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Javier Blázquez

Publicado el 27/01/2025 a las 05:00

Hoy día 27 de enero se conmemora el día internacional en Memoria de las víctimas del Holocausto. Han transcurrido ya ochenta años desde la liberación en 1945 del campo de concentración y de exterminio de Auschwitz por las tropas soviéticas y, aunque nuestra memoria es frágil, el deber de recordar, como insistía el superviviente Primo Levi, se torna ineludible. Máxime, teniendo en cuenta que vivimos tiempos de medias verdades y desinformación, anegados de mentiras que se presentan como si fueran una realidad alternativa.

Antes de llegar al poder en enero de 1933, en medio de una crisis económica, política y social lacerante, los dirigentes nacionalsocialistas no inventaron las técnicas de propaganda, pero las implementaron buscando la máxima efectividad para recibir el apoyo de millones de alemanes. Promovían la creación de un estado homogéneo con un “hombre nuevo” sin mezcla, símbolo del supremacismo ario.

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Para lo cual se servían de mensajes y discursos simples, impregnados de emocionalidad con el fin de maximizar su impacto social en las mentes de los ciudadanos alemanes. No importaba que fueran falsos. Era cuestión de repetirlos una y otra vez. La propaganda nazi estaba diseñada con el fin de garantizar una lealtad inquebrantable de la sociedad alemana, así como para provocar al mismo tiempo miedo y odio al otro; al judío, al gitano, al extranjero, etc.

El régimen nazi hizo uso de la teoría de la “aguja hipodérmica” en virtud de la cual los medios de comunicación influyen de forma efectiva en el público con mensajes reiterados, sencillos y emocionales. Consideraban que, esos mensajes actúan como una aguja que se inyecta en el cuerpo penetrando la piel e inoculando prejuicios, al tiempo que defendían que el nacionalsocialismo era la única solución a los problemas económicos y sociales del país. Al igual que los fascistas italianos encabezados por Mussolini, desarrollaron una especial habilidad para seducir las mentes con discursos populistas, a veces histriónicos, no exentos de cierto dramatismo.

Sin embargo, en medio de una anemia moral que iba extendiéndose como una balsa de aceite, hubo escritores como S. Zweig, austríaco de origen judío, que advirtieron del riesgo de que Alemania se convirtiera en un régimen totalitario que haría retroceder al continente europeo a periodos de violencia y crueldad pretéritos. Su denuncia era tan clara como contundente cuando afirmaba: “la mentira extiende descaradamente sus alas y la verdad ha sido proscrita, las cloacas están abiertas y los hombres respiran su pestilencia como un perfume”. Entre tanto, a través del Ministerio del Reich para la Ilustración Pública y Propaganda creado en Berlin en 1933, su titular, Goebbels ejerció un poder ilimitado de los medios de comunicación. Suspendió la libertad de expresión y de prensa utilizando todos los recursos a su alcance, entre ellos el cierre de medios opositores.

El responsable de la propaganda nazi aplicaba un sistema de manipulación y control propagandísticos absoluto, especialmente a través de la radio, que se convirtió en un instrumento de gran eficacia para el adoctrinamiento ideológico. Los mensajes entraban en todos los hogares y se esparcían a través de las ondas. Estaba prohibido sintonizar emisoras de otros países al considerarlo como un atentado contra la seguridad nacional.

Por todo ello, y teniendo en cuenta actualmente la corriente autoritaria que recorre el mundo occidental, haciendo uso de las reglas de la democracia, pero tratando de dinamitarla desde dentro, conviene recordar las palabras de la filósofa alemana de origen judío, Hannah Arendt, cuando advertía: los enemigos de la libertad cambian, pero no desaparecen. Siguen utilizando discursos y relatos mendaces, pero al mismo tiempo seductores…

A este respecto, la autora del Origen de los Totalitarismos, que tuvo que huir a EE.UU. como apátrida, defendió entonces que: “Mentir constantemente no tiene como objetivo hacer que la gente crea una mentira, sino garantizar que ya nadie crea en nada. Un pueblo que ya no pueda distinguir entre la verdad y la mentira no puede diferenciar entre el bien y el mal. Y un pueblo así, privado del poder de pensar y juzgar, está sin saberlo ni quererlo, completamente sometido al imperio de la mentira. Con gente así, puedes hacer lo que quieras”.

Tal vez por ese motivo -entre otros- el partido ultra FPÖ, haya ganado las últimas elecciones de Austria, con el 28,8%, y se haya disparado en los sondeos al 35,5%. A su vez en Alemania, la líder del partido ultranacionalista ADF Alice Weidel, que cuenta cada vez con más apoyo popular en las urnas ante los próximos comicios germanos del próximo mes de febrero, afirmaba en una entrevista reciente con Elon Musk en su red social “X”: Adolf Hitler no fue un político radical, de extrema derecha; era comunista.

F. Javier Blázquez Ruiz. Catedrático de Filosofía del derecho. UPNA

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