"Vivo en Abejeras y los vecinos nos sentimos expulsados durante el día de nuestra calle"

Fernando Hernández
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Fernando Hernández

Actualizado el 13/01/2025 a las 08:34

Sí, soy vecino de Abejeras. Y sí, me voy a aprovechar de que puedo publicar esta columna para quejarme de cómo nos han dejado la calle.

La obra de Abejeras tenía como objetivo mejorar y ajustar a la normativa el carril bici que, básicamente, une el campus con el centro. (Un paréntesis: las señales más inútiles de Pamplona, muy cerca de Abejeras, son las que obligan a los ciclistas a recorrer desmontados la Plaza de los Fueros. Pero ya sabemos que los ciclistas y los usuarios de patinetes eléctricos tiene una relación bastante laxa con el Reglamento de Circulación y la ordenanza de movilidad.)

La información que proporcionaba el Ayuntamiento cuando anunciaba las obras era que se iban a perder 31 aparcamientos. Y, como dice la pintada, ‘emosido engañados’. Esas 31 plazas permanentes, es cierto, han desaparecido y, junto a ellas, muchas más durante el día. Según veo en las fotografías de Google Street View del pasado junio, entre el cruce de Abejeras con Serafín Olave y el cruce con Erletokieta, había 38 plazas de aparcamiento que los vecinos podíamos utilizar todo el día. Hoy se han reducido a 10.

Los ciclistas están bastante satisfechos con las obras. Los comerciantes (y, sobre todo, quienes realizan los repartos), no tanto, a pesar de la ampliación descabellada de la zona de carga y descarga. Los camiones y furgonetas golpean a los árboles. Y los vecinos nos sentimos expulsados durante el día de nuestra calle.

Abejeras mantiene un vigor comercial que flaquea en otras calles de Iturrama. Es un privilegio vivir con cuatro supermercados en 400 metros (y alguno más muy cerca), así que no quiero que se reduzcan las tiendas y servicios que tengo a mi disposición.

Me da la impresión de que estamos ante uno de esos casos en los que el papel lo aguanta todo. “¡Que se imponga el diseño a la realidad!”, parecen haber proclamado desde algún despacho municipal. Mi tocayo Fernando, el hermano pequeño del emperador Carlos V, tenía por lema “que se haga justicia, aunque perezca el mundo”. El espíritu imperial sigue vivo en las oficinas de urbanismo (y no solo las de Pamplona).

Una de las comerciantes me decía estos días, entre la esperanza y el escepticismo, que en tres meses volveremos a estar en obras. Mucho tiempo me parece.

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