Agresiones a sanitarios

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Javier Blázquez

Publicado el 06/01/2025 a las 05:00

Aunque la enfermedad o el envejecimiento del cuerpo y de la mente representen el lado oscuro de la vida, no todos los pacientes actúan de forma similar cuando acuden a los centros de salud o son ingresados en hospitales.

Es posible que la falta de recursos, así como la presión asistencial, constituyan el telón de fondo que subyace en determinadas actitudes agresivas. Sin embargo, las motivaciones son diversas y la casuística presenta rostros diferentes.

La situación crítica que vivimos con la pandemia del coronavirus desde 2020 parece haber quedado atrás, en el tiempo, pero su sombra es alargada, y la huella que ha dejado en la post pandemia es ostensible. Lamentablemente, hemos pasado del aplauso espontáneo en los balcones, como muestra de reconocimiento al personal sanitario, a un incremento progresivo de agresiones tanto verbales como físicas. Por otra parte, no es frecuente que los responsables políticos asuman que la gestión deficitaria de los servicios sanitarios y la anemia financiera que estos padecen, sean factores relevantes.

Tal y como advierten algunos expertos, las listas de espera para ser atendidos u operados pueden ser un desencadenante de esas actitudes, pero no constituyen la causa única. Habría que añadir una serie de características propias de la sociedad actual como: la cultura de la inmediatez, la crispación continua, la tiranía del egocentrismo cada vez más extendida, una falta de empatía lacerante, o las altas expectativas de resultados no cumplidas.

Además, la consultas por internet alimentan con frecuencia el imperio de la opinión frente al criterio médico basado en evidencias y fundado en la experiencia clínica acumulada. Lejos, muy lejos, resuenan las palabras del Premio Nobel de Literatura Rabindranath Tagore cuando advertía “la verdad no está de parte de quién grite más”.

Todo ello provoca en algunos pacientes un sentimiento de malestar y de frustración que a veces se canaliza a través de la violencia como vía de escape. Los datos sobre conductas agresivas son tan elocuentes como dignos de preocupación, y no resultan ajenos a cuestiones de género. De hecho, las profesionales del ámbito sanitario son las que padecen el mayor número de agresiones en el ejercicio de su profesión. Así, el perfil más frecuente de las víctimas es el de mujer en el 61% de los casos, se producen en el ámbito de atención primaria (43%) y tienen lugar sobre todo en la sanidad pública (89%). Las agresiones son cometidas por un hombre (55%) que tiene entre 40 y 60 años (51%) que contaba con una cita programada (48%) y que no está conforme con la atención recibida (41%).

Conviene precisar que las diversas formas de agresión que provocan impotencia, humillación e indefensión, afectan también a otros profesionales sanitarios, como enfermeros fisioterapeutas, odontólogos, farmacéuticos, veterinarios. trabajadores sociales y administrativos. El tipo de agresión más habitual es la verbal. De hecho, la mayor parte de las agresiones son insultos y vejaciones (47%), seguidas por amenazas y coacciones (37%)- aunque estas cifras constituyen solo la “punta del iceberg”- y por lesiones físicas (16%). Otras situaciones violentas se producen cuando los pacientes se encuentran bajo los efectos del alcohol, o por consumo de drogas, o debido a un problema psiquiátrico no tratado adecuadamente.

No es de extrañar, por ende, que cada mes de marzo se conmemore el Día Europeo contra las Agresiones en el Ámbito Sanitario. Esta jornada, de carácter internacional, además de llamar la atención sobre esta lacra social, insiste en que es preciso, no solo sensibilizar a la población, sino también invertir recursos en la formación de profesionales con el fin de prevenir potenciales situaciones de violencia en centros de salud y hospitales. Esa formación permitirá mejorar, como se ha demostrado, las habilidades en el manejo de situaciones conflictivas.

A este respecto, algunos expertos en seguridad advierten que la denuncia es una de las herramientas más importantes para evitar que vuelvan a producirse. Sin embargo, es sabido que, por motivos diversos, aunque cada día haya más profesionales de la salud que son agredidos en España (más de cuarenta al día) solo un pequeño porcentaje ha comunicado y denunciado formalmente, alguna vez, este tipo de agresiones. Lamentablemente, un 20% de agresores reincide porque piensa que no le va a suceder nada.

Por todo lo expuesto, cabe concluir que las conductas violentas, no tienen cabida ni justificación en ningún ámbito de convivencia; tampoco en el sanitario pues atentan contra el principio en el que se basan las actuaciones médicas: la confianza que ha de presidir la relación entre médico y paciente. Por tanto, las agresiones no deben tolerarse, aunque sean verbales y no lleguen a la agresión física. De otro modo habrá que comenzar a pensar que la sociedad está enfermando desde hace tiempo, pero no es consciente de su estado de gravedad.

F. Javier Blázquez Ruiz. Catedrático de Filosofía del derecho. UPNA.

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