El primer nacimiento de este año 2025 en Navarra ha sido el de un niño llamado Abidin, el bendecido, en árabe

Actualizado el 05/01/2025 a las 23:22
El primer nacimiento de este año 2025 en Navarra, como han resaltado todos los periódicos, ha sido el de un niño llamado Abidin, el bendecido, en árabe. Es un bendecido, sin duda, pues en vez de venir al mundo en un campo de refugiados de Tinduf, en el Sahara, de donde salieron sus padres, lo ha hecho aquí, en el primer mundo, donde nos quejamos de vicio y un niño es un acontecimiento. Su horizonte se ensancha. Abidin es una anécdota, pero también un síntoma de lo que está ocurriendo en Navarra -como en el resto del país- que muestra hace tiempo una cara y un carácter distinto por la presencia de una inmigración que está cambiando nuestro mundo como ninguna otra cosa.
Es una transformación lenta y silenciosa, como suelen serlo los cambios verdaderos, y basta pasear, subirse al autobús o hacer la compra para darse cuenta. Nuestra natalidad está por los suelos, tenemos una sociedad cada vez más envejecida y dependiente, donde el reemplazo no está garantizado. Pero a la vez una madre se siente a veces como un paria, como alguien que está perdiendo oportunidades, sin un papel socialmente valorado, como en un tiempo muerto.
La inmigración es la solución, pero es un reto doble. Para nosotros, por el hecho de aceptar al distinto, al de fuera, pero también por la necesidad de que quien llegue se abra a una nueva cultura y se integre. Que no haga excepción de los valores de una sociedad libre. Que no se sienta sin obligaciones. Si esto no se produce, habrá islas de distintas procedencias, comunidades con sus costumbres de espaldas unas a otras, con suspicacia y conflictos.
Las encuestas dicen que los jóvenes quieren opositar y tener trabajo seguro. Son de izquierdas, pero conservadores. Pero la mayoría de los que vienen de fuera están a otra cosa: abren una peluquería o madrugan para vender fruta, copan los trabajos en el campo o en la construcción, los que aquí nadie quiere, son, en cierto forma como las generaciones del pasado que fueron abriéndose paso, con todo por hacer, fiados a un futuro mejor.