Cartas de los lectores
Los vecinos del Casco Viejo, ciudadanos de segunda


Publicado el 29/12/2024 a las 05:00
El viernes, 20 de diciembre, el ruido en la calle Jarauta empezó sobre las 14 h, salí a la calle y por los carteles de las peñas y los bares vi que empezaban las fiestas de final de año. Los jóvenes con sus aparatos amplificados llegaron a la plaza de Santa Ana a ese horario. Previendo que la música morralla y el descontrol empezaban antes y que la plaza no cierra hasta las 22h, decidí ir al cine para evitar el jaleo. Al salir del cine caía una lluvia fina, por Iturrama reinaba la tranquilidad. Me alegré pues, por mis cálculos, el desmadre se vería amenizado por el agua. Terrible equivocación. A las 00h40 llego a la calle Jarauta y es imposible acceder a mi vivienda. Cerca de la plaza de Santa Ana, ya no se puede avanzar ni empujando, me quedé literalmente bloqueada, lo que me aumentó el agobio pues tengo problemas en las dos rodillas y me desequilibro con facilidad.
Finalmente llego a mi portal, le digo a la gente que se quite y me deje pasar. Me certifico de cerrarlo bien en un intento de huir del ruido insoportable y del agobio. Entro en mi casa y me percato de que la música machacante del bar dos portales más allá del mío es tal que se escucha desde mi casa. Para colmo, la plaza de Santa Ana seguía abierta- suele ocurrir siempre que hay movida. Ante tal percal llamo a la policía, les pido que vengan a cerrar la plaza y que quiero denunciar el ruido del bar y que hagan una sonometría pues así es imposible dormir. Para mi sorpresa, la respuesta del agente es que es imposible atender a mi denuncia, pues no van a conseguir entrar en la calle por el exceso de gente. Que la sonometría menos aún pues el parar la música de sopetón podría provocar problemas en la seguridad. Ante mi asombro, le pregunté qué harían si tuvieran que atender una emergencia. La respuesta fue que este no era el caso. Que lo sentían mucho, que eran conscientes del problema, que llevaban muchas llamadas de vecinos del casco viejo porque el ruido estaba descontrolado esa noche.
Hace pocas semanas la asociación de Convivir en lo Viejo estuvimos con el responsable de seguridad del Ayuntamiento para hablar del ruido, un tema que lo conocen de sobra. La respuesta es la de siempre: que todo es muy complejo pero que están en ello.
Yo me pregunto si una ciudad de poco más de 200 mil habitantes es inabarcable en estos temas, qué no será una metrópoli. La actitud de los encargados del tema -que ya están cansados de saber lo que ocurre- es de una pasividad vergonzosa y creo que se ríen de nosotros. Me cuesta creer que en unas fechas tan señaladas se les pase por la mente tomar medidas disuasivas para disminuir y/o controlar este tipo de aglomeraciones. Queda claro que los vecinos del casco viejo de Pamplona, aunque pagamos nuestros impuestos, somos ciudadanos de segunda clase. Una vez más, me he visto obligada a marcharme de mi casa, hasta el uno de enero.