"Seguramente la transición y la propia Constitución es lo mejor que nos ha pasado, pero hace tiempo que los acuerdos y el deseo de concordia quedaron arrumbados"

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Pedro Charro

Actualizado el 15/12/2024 a las 23:37

El día de la Constitución pasó sin pena ni gloria en Pamplona, como suele ser habitual, encajado en un largo puente que desemboca en la Navidad. En su día solo UCD y el PSOE la apoyaron abiertamente y pidieron el voto, una imagen de consenso que ya es agua pasada. Seguramente la transición y la propia Constitución es lo mejor que nos ha pasado, pero hace tiempo que los acuerdos y el deseo de concordia quedaron arrumbados y ya no nos extraña que Sánchez proclamara abiertamente su intención de levantar un muro contra media España. Un muro, como los que le gustan a Trump. 

Hace poco se ha cumplido también el aniversario del Amejoramiento, sobre el que el gobierno de Navarra ha pasado de puntillas, como si fuera un incordio. A falta de impulso y pedagogía esos logros se ven como cosas del pasado, superadas. No parecen tener raíces, no se conocen, no se defienden, no se enseñan sus valores ni se crean ciudadanos a su altura. No hay celebración constitucional, sino desprecio en muchos casos, como si cualquier cosa, incluidos los muros, fuera mejor. 

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Vivimos en medio de un mundo que corta la respiración. Vemos ahora en Siria el dolor a las puertas de las cárceles, donde los presos cayeron en un pozo de horror. No hay derechos, el poder hace lo que quiere y la dignidad y la vida son pisoteados. Algo que pasa en gran parte del mundo. Sin embargo, nosotros pertenecemos al selecto club donde, con problemas y limitaciones, las cosas son distintas. En un medio que nos permite vivir como queramos. Donde hay libertad respeto a la vida y el derecho gracias a un pacto común que lo garantiza. 

No es extraño que tanta gente quiera venir aquí y sorprende el poco aprecio que nos suscita. Es como si un milagro así se diera por supuesto y ni nos diéramos cuenta. Ocurre aquí lo del cuento aquel de los pececillos que van nadando y se cruzan con un gran besugo. ¿Cómo está el agua?, pregunta el viejo besugo a los pececillos, y estos se miran un momento sorprendidos, porque no saben qué es el agua, ni que se ahogarían si se les sacara de ella.

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