"Ahora quieren tapar el monumento a los Caídos, un edificio sin duda maldito, durante décadas cerrado a cal y canto, para el que no hay solución"

Actualizado el 25/11/2024 a las 08:13
Ahora quieren tapar el monumento a los Caídos, un edificio sin duda maldito, durante décadas cerrado a cal y canto, para el que no hay solución, nadie le hinca el diente, lo que se propone una y otra vez se va dejando de lado, queda pendiente de concreción, también ahora va para largo.
La mayoría municipal quiere tapar la gran cúpula como quien tapa sus vergüenzas, no en vano es algo que recuerda lo que fuimos, ha sido siempre un lugar desgraciado, hecho a escala faraónica para celebrar una triste victoria, y el plan anunciado es demoler las criptas y las arcadas de fuera para abrir la ciudad, algo que ya se contemplaba en varias propuestas del último concurso de ideas, casi ninguna, por cierto, proponía el derribo del edificio, ni la idea peregrina de taparlo, sino la resignificación, es decir, dotar de otro sentido y valor al lugar, tal como ocurre en tantos sitios donde el tiempo ha dejado edificios incómodos, Berlín, por ejemplo, que se convierten en huellas del pasado y se renuevan al servicio de valores más dignos.
El proyecto mantiene las pinturas de la cúpula de Ramon Soltz, pero para un visionado restringido, no para el público general, no vaya a ser que las veamos por nuestra cuenta y no saquemos las conclusiones adecuadas, que es a fin de cuentas el objetivo que se persigue.
Pero más difícil que cambiar el continente es decidir el contenido, lo de dentro: se nos habla de que este lugar sea un centro de denuncia del fascismo, pero hoy se llama fascista a quien piensa distinto, es una palabra con la que se golpea al contrario, no es decir mucho.
En realidad se dicen muchas palabras para justificar este plan, pero falta una, y es la palabra reconciliación. Es como si el tiempo se hubiera detenido, como si el encuentro de los antiguos combatientes no se hubiera producido, como si la democracia no hubiera cumplido de largo los objetivos de la república vencida, como si las víctimas de uno y otro lado fueran todavía diferentes y no merecieran, por fin, un lugar donde se honre a todas, y tuvieran que seguir esperando.