Cartas de los lectores

Juana Mª Ibáñez, una trayectoria ejemplar en este mundo

Colegio Jesuitinas de Pamplona
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José Mª Muruzábal del Solar

Actualizado el 11/11/2024 a las 07:26

El lunes 4 de noviembre me entere de la triste noticia del fallecimiento de una religiosa de las Hijas de Jesús, Jesuitinas, en la casa de retiro de San Sebastián, a la muy avanzada edad de 104 años. Falleció el 1 de noviembre, festividad de Todos los Santos, fecha quizás adecuada a su trayectoria ejemplar en este mundo; por ello creo necesario recordarla en estas líneas. Una vida callada puede ser que oscura para mucha gente, pero seguramente ejemplar desde el punto de vista de su misión. Dedicó toda su vida a la Congregación de la Hijas de Jesús, a la educación y a la propia iglesia. Y lo hizo durante más de 85 años. Juana Mª Ibáñez Sagardoy había nacido en 1920 en la localidad de Pitillas, donde las Jesuitinas fundaron un colegio el año 1909, merced a la iniciativa del Obispo José Cadena y Eleta, hijo de la localidad. Aquel colegio, dedicado a San José, estuvo abierto durante más de 50 años, dando muchísimos frutos. Si nuestro recuento es correcto, 21 hijas de la localidad sirvieron a la Congregación de las Hijas de Jesús, entre ellas Juana Mª Ibáñez y su hermana Carmen. Conservamos una vieja foto de las alumnas del colegio de 1928, en que aparece Juana Mª. En plena juventud ingresó en la Congregación, permaneciendo fiel a la misma, siempre con su modesto hábito, durante ocho décadas largas. Su servicio educativo y humano tuvo muchos destinos, pero estuvo ligado especialmente a Navarra, a Pitillas y al colegio de Pamplona, las Jesuitinas de la Chantrea. Formó parte de la primera Comunidad de religiosas que inició un modestísimo colegio en un chalet de la calle Mendigorría, el año 1962.

Yo la conocí en 1985, cuando me sumé a la labor educativa de dicho colegio, donde aún permanezco. En fechas inmediatamente anteriores el colegio se había hecho mixto. En aquella época, Juana María era le secretaria del colegio, labor que realizó durante largos años aún. Se retiró con ochenta y muchos, cuando las fuerzas flaqueaban y las nuevas tecnologías imponían otros sistemas. Y aún comenzó a ayudar en la portería del centro. Siempre amable, con la sonrisa en la boca, austera y discreta, atenta a todos, sin mirar el reloj, de las mujeres de trabajo continuado horas y horas, cosa que alternaba con el rezo. Las alumnas de las jesuitinas, de muchas promociones, se acordarán de ella. Todos los que trabajamos allí nos acordamos también de ella, con cariño.

Descansa en paz, junto al Padre, Juana María, que seguro te lo has ganado. La familia de Jesuitinas en Navarra te recuerda con cariño y respeto; es evidente que fuiste un ejemplo de vida y de dedicación a la misión. Para mí era, sin duda, una mujer santa. En el cielo donde seguro vas a estar, junto a la Madre Cándida, no dejes de interceder por la Congregación y, especialmente, por éste tu colegio de Pamplona.

José Mª Muruzábal del Solar

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