"Hablar en la plaza pública, entre el trasiego y el viento que sopla, es hoy más necesario que nunca, cuando abunda la falsedad y las palabras, a menudo, son mentira"

Actualizado el 10/11/2024 a las 23:11
El escritor Fernando Aramburu, autor de "Patria", ha anunciado que va dejar de colaborar con su columna semanal El País porque ha perdido la fe en lo que escribe. La cesta está vacía, dice en su despedida, y a mi me falta energía y estímulo para llenarla. Cree que no tiene nada que aportar y se ve como un desplazado, alguien ajeno a esta época, un escritor que contempla con preocupación la situación moral de España, y la ve como parte de la decadencia que vive toda Europa.
Dice adiós a la manera de Fray Luis, añade, en busca de la serenidad, lo que está muy bien, pero no hace mucha justicia a Fray Luis, que vivió también una época amarga, fue perseguido por la Inquisición y dio con su huesos en la cárcel y volvió a su cátedra a seguir donde lo había dejado.
Fue un rebelde contra la tiranía, la estupidez y la mentira y nunca desistió. La pérdida de Aramburu es un signo porque, como confiesa, ha escrito siempre lo que ha pensado, su propia verdad, sin dejarse manipular ni vender su pluma al mejor postor, algo que no abunda.
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Uno, si se me permite, lleva años escribiendo columnas, y aunque el mundo a veces me desconcierta, o dude, o me descubra cansado, creo que, una vez elegido este camino y tenido la oportunidad, no hay que callar. La cesta sigue estando más llena que nunca.
Aventurarse en el dominio público, llamaba Hannah Arendt a este atreverse a dar opinión públicamente sobre los asuntos humanos. Y hacerlo, además, en nombre propio, como persona, a la intemperie, podemos decir. Con la autoridad de no tener ninguna.
Hablar en la plaza pública, entre el trasiego y el viento que sopla, fugazmente, con la esperanza de ser, a veces, el eco de muchos. Esto es hoy más necesario que nunca, cuando abunda la falsedad y las palabras a menudo se vacían, se secuestran, son mentira.
Mentir continuamente, decía Arendt, lo que busca es que ya nadie crea en nada. Y un pueblo que no puede distinguir entre la verdad y la mentira no puede distinguir entre el bien y el mal. Con gente así, remata, puedes hacer lo que quieras.