Trump arrasa: bofetada de realidad para las democracias europeas

Tan contundente como inesperada por su amplitud, la vuelta del magnate a la Casa Blanca es un aviso a navegantes para los gobiernos de la UE, que ven alejarse a su hasta ahora socio prioritario

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Editorial DN

Publicado el 06/11/2024 a las 11:33

Nadie que se acostase la noche del martes con la mirada puesta en Estados Unidos esperaba un amanecer tan desconcertante al otro lado del Atlántico como el de hoy. Que Donald Trump recuperase la Casa Blanca, pese a haber un único precedente en toda la historia de las elecciones norteamericanas, era una posibilidad muy real. Más aún tras el intento de asesinato del magnate en plena campaña electoral. Pero la contundencia de la victoria del republicano va más allá de cualquier cábala o pronóstico. 

El propio creador del movimiento MAGA estuvo visiblemente desbordado en su discurso de la victoria al celebrar ante sus fieles que incluso han ganado en el voto popular, el último reducto que les quedaba a los demócratas. 

Está claro que ni la esperanza inicial que supuso el nombramiento de Kamala Harris para la carrera presidencial tras el fiasco de Joe Biden, ni las continuas mentiras, bulos y exabruptos del expresidente frente a cualquier auditorio han sido un obstáculo real para que Trump vuelva a ocupar el Despacho Oval. 

Es más, el incierto horizonte judicial que se le presenta a un hombre ya condenado se disipará ahora ante un presidente capaz de concederse el perdón a sí mismo. Porque ha de reseñarse que el triunfo del trumpismo es total. 

Controlar en color rojo un Senado antaño azul, la Corte Suprema y probablemente también la Cámara de Representantes le concede al magnatario un poder cuasi absoluto y las manos libres para hacer y deshacer a su antojo. Y en alguien tan inestable como Trump eso puede traducirse en una tentación de reinar más que gobernar. Gasolina para un pueblo absolutamente polarizado y tan partido en dos como el estadounidense.

Es en este escenario, en estos momentos en los que aún se recuentan papeletas, cuando llega la hora definitiva de tomar unas decisiones desde hace mucho tiempo postergadas. En especial para las democracias europeas. El avance de las autocracias de derechas, descontroladas y desatadas de sus antiguos balances, lanza un aviso a navegantes para los gobiernos de la Unión Europea. Y también para la OTAN. 

Donald Trump no se ha cansado de repetir que el viejo continente y la Alianza Atlántica deberán cuidarse solos. “Que han de pagar ellos la factura”. Pues bien. Con un aislacionismo en lo económico y una guerra de aranceles y un coqueteo indecoroso con Vladímir Putin e incluso con Corea del Norte durante la primera Administración Trump, los próximos cuatro años han de ser necesariamente los de una verdadera política europea comunitaria, un rearme económico, legislativo y militar que no aísle a la UE y que, sobre todo, no deje en la estacada a países como Ucrania, donde conocen bien el peligro de verse solos ante un tirano.

Es cierto que las primeras palabras del magnate han tenido un aire más conciliador, casi presidencialista, y que ha aseverado que "gobernará para todos en la que será una era dorada para EEUU". También que tanto Pedro Sánchez, como Alberto Núñez Feijóo y el propio Volodímir Zelenski se han apresurado a felicitarle por su victoria en un ejemplo de decoro institucional. Pero desde hoy, además de una guerra en las puertas de Europa, el mundo tiene a un inquilino imprevisible en la Casa Blanca capaz de echar más leña al fuego en función de sus cambiantes intereses personales y de su estado de ánimo. El tiempo lo dirá.

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