Solidaridad institucional
"La gravedad de la dana y los más de 150 fallecidos obligan a gobiernos de distinto signo a aunar esfuerzos en apoyo de los damnificados sin buscar réditos políticos en la tragedia"

Publicado el 01/11/2024 a las 05:00
La memoria de la sobrecogedora cifra de víctimas mortales causada por la dana reclama la máxima sintonía y colaboración entre las administraciones para facilitar la recuperación anímica de los vecinos de las zonas afectadas, el restablecimiento de sus proyectos de vida y la rehabilitación económica y física de negocios e infraestructuras destrozados. La sintonía mostrada ayer por el presidente Pedro Sánchez y por su homólogo autonómico Carlos Mazón, dejó muy en segundo plano los reproches cruzados entre responsables de sus respectivos gobiernos. Cuando corresponda realizarlo, el examen sobre las posibles fallas cometidas en la previsión del desastre y en los avisos precisos para afrontarlo no debe ser enturbiado por la diatriba partidaria como la que alimentaron Núñez Feijóo al cargar las tintas sobre supuestos errores del Ejecutivo central y exonerar a la Generalitat valenciana y, por su lado, algunos dirigentes socialistas.
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Los más de 150 fallecidos y los miles de ciudadanos que han visto cómo un miedo insuperable se apoderaba de ellos necesitan consuelo y esperanza. Ver que las instituciones saben perfectamente del quebranto que sufren compareciendo unidas. Sentir que ni están solas ahora ni lo estarán en adelante para acceder a ayudas públicas y a líneas de financiación. Mostrar su solidaridad vecinal como ejemplo a seguir por los poderes públicos. Que Mazón y Sánchez, Gobierno y oposición, aúnen esfuerzos y actúen al unísono en vez de intentar rentabilizar políticamente una catástrofe de semejante magnitud.
La dana ha de encontrar su sitio en los Presupuestos del próximo año. Como ha de lograr y optimizar los recursos que la UE disponga para esa parte de España que precisa mucho más que conmiseración. Instituciones y partidos tienen la oportunidad de hacer honor a los gritos de auxilio para comprometerse a que las diferencias de criterio o de escala de prioridades que afloren con el trascurso de los días sean abordadas con el afán positivo y la delicadeza que demandan los destinatarios y protagonistas últimos de la política democrática.