"Vi hace unos días que era el aniversario de la muerte de Freud, en 1939, justo cuando la guerra mundial iba a estallar de nuevo tras la fatídica carnicería del 14"

Actualizado el 06/10/2024 a las 23:24
Vi hace unos días que era el aniversario de la muerte de Freud, en 1939, justo cuando la guerra mundial iba a estallar de nuevo tras la fatídica carnicería del 14, que a él le tocó vivir. Freud había escapado de Viena huyendo de los nazis y se refugió con su familia en Londres.
Era ya un anciano enfermo que sufría cáncer de mandíbula desde hace años y tenía grandes dolores. Hay alguna foto suya de aquellos días tumbado, arropado con mantas.
Siempre le había gustado descansar y leer apoyando la cabeza en el reposabrazos del sofá y poniendo los pies sobre el otro, y en Londres, un amigo de su hijo Ernst, arquitecto, le diseñó un sofá de esta manera con mejores apoyos, más confortable, donde seguía escribiendo y recibía visitas.
Era sin duda una especie de diván, ese mueble que representa como nada al psicoanálisis que él inventó, donde se trata de tumbarse relajadamente y en vez de entrar en sesudos análisis y razonamientos, decir lo primero que venga a la cabeza, a veces insignificante, caprichoso, pero que es la forma de abrir la puerta al inconsciente; eso que pasamos por alto, la historia que hemos olvidado o guardado bajo llave.
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No hace mucho Freud se había carteado con Einstein, desilusionados ambos a cuenta de la guerra que se veía venir.
Para Freud, la guerra era producto de la pulsión destructora del hombre, de su mortífera costumbre de dejarse arrastrar por la violencia, un impulso que se debate contra el contrario: el luminoso impulso de eros y de la vida que también anida en nosotros.
Pasa el tiempo, pero esa batalla continúa. Hoy vemos la guerra en directo, como un espectáculo de estrellas fugaces en la pantalla, embelesados y sobrecogidos a la vez, pero es lo mismo que cuando los hombres se mataban a garrotazos.
Freud veía difícil el fin de esta lacra, pero insistía en que todo lo que trabaja a favor de la cultura y la civilización, trabaja también contra la guerra y es lo que debemos potenciar. Hace 85 años que murió en Londres donde reposan sus cenizas como él quiso, en un ánfora griega.