"Stefanía Caro ha escrito una novela bellísima, que es una lección literaria de sensibilidad desenmascarada. No se pierdan el final, pura maestría"

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Juan Gracia Armendáriz

Actualizado el 22/09/2024 a las 00:38

Stefanía Caro (Pamplona, 1981) acaba de publicar su primera novela en la editorial bilbaína consonni. Periodista, docente, profesora de danza, ilustra la cubierta de su novela con la fotografía de una escritora que se oculta tras una máscara. El detalle no es menor. La máscara como ocultamiento, de la no aceptación de uno mismo, de los miedos e inseguridades. La protagonista toma la coreografía, es decir, la escritura del cuerpo, como punto de unión en el que ella y su madre, reducida a la abstracción gráfica de la letra T, trazan un viaje hacia el Este por las calles de la ciudad. La narradora nos informa del viaje que la coreógrafa Susan Buirge realizó en 1976 desde Francia a Japón. Los hallazgos de grandes coreógrafos puntean el texto y sirven a la protagonista para su propio proyecto, llevado a cabo en una geografía urbana, junto a su madre. Desde el inicio, hay una dirección que atraviesa el libro: acción, conflicto y viaje. Hay intimidad, hay poesía, pero la voz narradora, cautivadora y perfectamente construida, sublima lo autobiográfico, gracias a una pericia asombrosa en la dicción literaria y en el distanciamiento reflexivo. Los paseos con la madre hacia el oriente de la ciudad se transforman en danzas mudas, donde los sobreentendidos, los silencios y los gestos mínimos cobran una relevancia expansiva. Pero no hay aspavientos ni dramatismo. Ese tono menor marca la escritura de las anotaciones que la protagonista toma en un cuaderno, donde los hallazgos bailan con sabiduría. El espacio de la danza íntima es representado por la protagonista para reflejar los conflictos que la atenazan: la maternidad, el cuerpo y sus transformaciones, las relaciones afectivas. Esta coreografía personal hace de la danza un rito de conocimiento, un modo de encarnar los desajustes vitales, una forma de redención: “Un cuerpo puede ser también el camino de otro”, leemos. Intimidad y representación que la autora ha dispuesto en una estructura canónica de tres actos. Stefanía Caro ha escrito una novela bellísima, que es una lección literaria de sensibilidad desenmascarada. No se pierdan el final, pura maestría.

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