"La lesión y la amargura de Carolina son la victoria del mejor olimpismo"

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Jose Murugarren

Actualizado el 06/08/2024 a las 08:38

Les habla un neófito del deporte por televisión. Un converso de las olimpiadas que disfruta con el bádminton. Sabíamos que el fútbol engancha a las masas, que el ciclismo y el baloncesto los siguen millones, que el atletismo, el tenis o la pelota por estos lares, atrapan la pasión de muchos… Pero Carolina Marín nos ha metido en vena un deporte pequeño y sin balón. 

Pequeño porque utiliza una raqueta minúscula, lanza una bola que no es tal y no tiene el fervor de las masas. Pequeño porque estas raquetas eran premio de consolación en las competiciones del colegio, un chisme para toda la vida… ¿Quién no tiene alguna en el trastero? 

Tan desconocido que la RAE por echar luz lo define como “juego parecido al tenis” como si el tenis fuera el pariente que triunfa, el primo célebre frente al modesto. 

Carolina lo ha hecho grande. Por la locura de emigrar de Huelva a Madrid para jugar al bádminton. Por el entusiasmo con el que golpea la pelota (perdón el volante) en la pista, por la capacidad de atrapar a cientos de miles de espectadores y por esa forma de hablar consigo misma durante los partidos como si mantuviera un diálogo interior que buscara expulsar la mala vibra y encontrar la calma en el centro de la tensión. 

La lesión y la amargura de Carolina son la victoria del mejor olimpismo. Su currículum de dificultad y la desolación tras romperse la rodilla forman parte de la misma aventura extraordinaria que llevó al mensajero griego Filípides a cubrir los 42 kilómetros entre la ciudad de Maratón y la de Atenas para anunciar la victoria griega sobre los persas en el siglo V antes de Cristo. 

Filípides logró cubrir corriendo su viaje pero falleció. Los griegos honraron al atleta incorporando la maratón a sus antiguas olimpiadas. El desconsuelo de Carolina es idéntico al de Filípides. El griego consiguió poner en el mapa de los juegos de la época la maratón. 

Carolina ha hecho grande una modalidad que fue durante años un juego para niños. Ha colocado al bádminton en un lugar de honor y ella ha logrado por méritos propios un hueco en el Olimpo, el cielo de los héroes de la epopeya deportiva y también de la tragedia.

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