"El montaje de ese remedo de ‘La Última Cena’ fue chabacano, ordinario, tosco y carente de talento"

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Julia Navarro

Publicado el 31/07/2024 a las 05:00

Ignoro cuál será la opinión concluyente sobre las Olimpiadas en París, pero como hace unos días estuve en esta maravillosa ciudad, les daré la mía. Sin duda la inauguración de los Juegos ha sido espectacular, todo un éxito que llena de orgullo a la ciudad. París ha vuelto a demostrar su talento y creatividad sorprendiendo al resto del mundo, aunque también ha tenido alguna sombra. 

Organizar unos Juegos Olímpicos no es fácil y, sin duda, el principal desafío para las autoridades es y será garantizar la seguridad, teniendo en cuenta que los Juegos de París se llevan a cabo “dentro” de la propia ciudad. Seguramente resulta original que las Olimpiadas se celebren en las calles aunque, a que negarlo, esa originalidad en ocasiones resulta incómoda no sólo para los parisinos sino para los visitantes. 

No se puede circular con normalidad en coche, necesitas “pases” para ir a de un lado a otro de la ciudad, en fin que como es lógico hay que afrontar ciertas incomodidades. 

Es inevitable escuchar a los parisinos presumir orgullosos del éxito de los Juegos, pero también algunas quejas por las dificultades a afrontar en sus vidas cotidianas: desde las dificultades a la hora de desplazarse para ir a trabajar, llevar a los niños al parque, o hacer una gestión en un organismo público, visitar a un pariente, o quedar con tus amistades. 

Y es que es evidente que se interrumpe la vida cotidiana si de repente la ciudad se convierte en un gran recinto olímpico. 

Volviendo al espectáculo de la inauguración aún no se ha disipado la polémica por ese remedo de ‘La Última Cena’. Más allá de los sentimientos religiosos heridos, si diré que resultó un brindis al feísmo y la vulgaridad más extrema y chabacana. 

Sus creadores alegan que se trataba de lanzar un mensaje en pro de la diversidad pero en mi opinión, el resultado ha sido un fiasco. No ha aportado nada excepto un momento de grosería extrema. 

El montaje de ese remedo de ‘La Última Cena’ fue chabacano, ordinario, tosco, carente de talento. Si sus “creadores” es lo que entienden por diversidad es para que se lo hagan mirar. Es una pena que esto haya ensombrecido la puesta en escena de los Juegos. Aún así: lo importante es que París bien vale unos Juegos Olímpicos. 

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