Cartas de los lectores
Amar a Pamplona


Publicado el 13/06/2024 a las 05:00
En general se puede decir que la gente se enamora de Pamplona. Valora lo que le llama la atención, las coincidencias, los Sanfermines… Enamorarse es fácil, pero dura poco. Amar a Pamplona es otra cosa, porque amar cuesta. Y esto significa que hay que aceptarla en sí misma, tal como es. La primera premisa del fundador de una ciudad romana consistía en escoger el lugar con la ayuda de los dioses. Pompeyo Magno acertó en la elección del fantástico emplazamiento de Pamplona: un paisaje bello, una fortaleza orográfica, un territorio fértil con abundante agua, un lugar estratégico, un clima agradable. La ciudad romana se caracterizaba por hacer elocuentes los espacios para la convivencia, por el equilibrio con la naturaleza y por establecer los límites de su crecimiento. Pamplona es naturaleza y arquitectura, palabra formada por “archi” que se traduce por comienzo, iniciativa, dirección y por “tekton” , que significa invención, configuración. La arquitectura, que es arte constructivo, ha levantado una Pamplona cultivada, donde la religión, el derecho, la economía, la cultura, la libertad y la palabra facilitan la solidaridad entre los ciudadanos .
En nuestros días Pamplona se ha convertido en ciudad metropolitana. La metrópoli es, ante todo, fascinación por los fenómenos de la velocidad y de la rapidez, por los signos de la dispersión y del exceso, por la fragmentación de la ciudad histórica (Fernández Alba). Pamplona estará marcada en el futuro por la movilidad, la tecnología, el suministro, el consumo, la energía, la información, la expansión sin límites. Se creará un paisaje fragmentario y heterogéneo. Pamplona continuará en la dialéctica construcción y destrucción. Ello nos llevará a unos modelos de convivencia y comunidad diferenciados, distintos a los actuales. Y a pesar de la incertidumbre sigo amando a Pamplona. Enamorarse es otra cosa.
ENRIQUE IRISO LERGA