Europa gira a la derecha sin romper los consensos

Publicado el 11/06/2024 a las 05:00
Los escaños de la extrema derecha se multiplicaron ayer en el Parlamento Europeo, pero habrá que esperar unas semanas –o quizá unos meses– para saber si esto afecta a la gobernanza europea teniendo en cuenta que su presencia en el Consejo Europeo ya había ido aumentando estos últimos años. Aunque todos los análisis ya apuntan al crecimiento de los euroescépticos en detrimento de opciones moderadas, no hay que olvidar lo fundamental: los populares, los socialistas y los liberales –es decir, el bloque que apoyó en 2019 a Von der Leyen– mantienen la mayoría absoluta en el Parlamento Europeo, muy amplia si además sumamos a los verdes. Y la presidenta de la Comisión Europea ha sido en la noche electoral muy clara: quiere construir “un bastión contra los extremos de izquierda y de derecha”. Otros experimentos no suman.
Aunque en Francia y en Italia la extrema derecha ha obtenido el primer puesto y en Alemania el segundo, sobre todo gracias al voto joven, podemos decir que la Unión Europea en términos generales ha vuelto a resistir en estas elecciones a la ola euroescéptica de la extrema derecha. Tampoco es nuevo: ya lo hizo en 2019. La incertidumbre que existe en estos países, relacionada con las consecuencias económicas de la pandemia, de la invasión de Ucrania y de la inmigración, está directamente vinculada al auge de estos partidos euroescépticos. El crecimiento de las fuerzas de derechas en el Parlamento Europeo refleja lo que ya hemos visto en las elecciones internas de los Estados miembros durante esta legislatura. Por tanto, no es algo que debería sorprendernos.
¿ERES SUSCRIPTOR? AQUÍ TIENES MÁS INFORMACIÓN SOBRE ESTE TEMA
Amplía la información sobre OPINIÓN en la edición e-paper de Diario de Navarra, disponible a diario para suscriptores de papel y PDF
Afortunadamente, estos partidos ya no defienden la salida de sus países de la Unión Europea. El Brexit sirvió de vacuna frente a aquellos que soñaban con el regreso de los Estados nación europeos decimonónicos. En lo que creen es en una Europa más débil, que devuelva las competencias a sus Estados. Son partidos que olvidan, como escribió Stefan Zweig, que “se puede ser buen patriota y al mismo tiempo europeo”. El auge en estas elecciones del partido extremista Alternativa para Alemania, segunda fuerza en su país, es el más preocupante de todos. Impulsado por el voto joven, y tras blanquear a las SS nazis en la precampaña, la AFD es un riesgo para Europa que debemos tomar muy en serio. Si Alemania Oriental fuese un país separado, la ultraderecha habría ganado allí con siete puntos de ventaja frente a la segunda fuerza política.
Pero hay que subrayar que la Unión Europea va más allá de Alemania, Italia y Francia. Los partidos europeístas han obtenido buenos resultados en países como España, Portugal, Suecia, Finlandia, Dinamarca, Grecia, Rumanía o Bulgaria. Una conclusión muy clara es que el europeísmo ha triunfado en aquellos Estados que sienten muy próxima la ambición imperialista rusa y también en la Península Ibérica, donde la situación económica es mejor que en otros países europeos y existe menos incertidumbre.
En cuanto a las elecciones europeas en España, nuestro país se presenta como un bastión del europeísmo. Tanto el PP como el PSOE van a ser la segunda mayor delegación dentro de su espacio político, solo por detrás de la CDU alemana en el caso de los populares y por detrás del PD italiano en el de los socialistas. Esto supone más influencia en Bruselas que debería ser aprovechada para seguir construyendo un proyecto europeo en clave federalista. Resulta preocupante el crecimiento de Vox y, especialmente, la entrada en el Parlamento Europeo del partido político de extrema derecha de Alvise Pérez, que representa todo aquello contra lo que luchan las instituciones europeas: populismo, euroescepticismo y desinformación.
Un último comentario merece la participación electoral, que en el caso de España ha quedado ligeramente por debajo del 50% (49,2%), algo inferior a la media europea. Esto supone un porcentaje mayor que en anteriores elecciones europeas que no coincidieron con convocatorias municipales como las de 2014 (43,8%), 2009 (44,9%) y 2004 (45,1%). Queda mucho trabajo por delante para que los ciudadanos tomen conciencia de la importancia de votar en las elecciones europeas, pero los datos de participación son buenos en comparación con los de 2014, que es el año que debemos tomar como referencia.
El resultado electoral permite continuar con las políticas verdes y, sobre todo, dar un nuevo impulso político a la Unión Europea esta legislatura. Un impulso que suponga una “nueva revolución ilustrada”, como reclamaba Javier Cercas este fin de semana, y que tenga como fin unir a todos aquellos que queremos ser europeos no sólo por motivos geográficos, sino porque compartimos una misma forma de entender el mundo. Una revolución ilustrada que conecte con esos supervivientes de la cultura europea, como les llama Irene Vallejo. Una revolución para integrar en el milagro histórico de la Unión Europea a millones de europeos que también quieren convivir con nosotros.
Javier Larequi Fontaneda historiador, periodista y vicepresidente de Equipo Europa